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lunes, 28 de junio de 2010

Rogelio Villarreal, una mirada crítica acerca de Monsiváis...

El bohemio y el poder
El Carlos Monsiváis que acaba de morir fue una persona para sus admiradores y lectores y otra para sus críticos, a los que muchas veces prefirió ignorar.
2010-06-26 Milenio semanal

Paz, la izquierda y el socialismo. Una de las más importantes discusiones intelectuales en el México contemporáneo fue la de Octavio Paz con Carlos Monsiváis en torno a la naturaleza de la izquierda mexicana y del socialismo realmente existente. La polémica, en la que no faltaron descalificaciones personales y largos monólogos, se desató a partir de una entrevista del director de la revista Proceso, Julio Scherer, a Paz, quien fue uno de los primeros críticos en México del totalitarismo soviético. En ella reiteraba su crítica al marxismo y al socialismo, que habían adoptado, según el poeta, una “expresión ideológica religiosa”. Carlos Monsiváis dijo que coincidía con las denuncias de Paz a la barbarie estalinista y a la usurpación de la burocracia del papel que le correspondía al proletariado, pero le reprochaba al futuro Nobel: “Para que la crítica a esas aberraciones tenga pleno sentido debe, si se precisa de autoridad moral, ir acompañada de la participación en el esfuerzo de construir ese socialismo verdadero y, si sólo se requiere honestidad intelectual, necesita ir acompañada de la evaluación (de ningún modo acrítica) de los grandes logros (...) La crítica de las deformaciones del socialismo debe acompañarse de una defensa beligerante de las conquistas irrenunciables”. El sociólogo Xavier Rodríguez Ledezma escribiría que la réplica de Monsiváis cojeaba “gravemente al argumentar la indispensabilidad de tener ‘autoridad moral’ para hacer la crítica del socialismo realmente existente; y peor aún cuando señalaba que ese peso ético únicamente se conseguía cuando el interesado se involucraba directamente en la participación por construir al socialismo” (en El pensamiento político de Octavio Paz. Las trampas de la ideología, Plaza y Valdés-UNAM, 1996). Monsiváis no solamente ponía en duda la autoridad moral de Paz, también lo acusaba de tener una “mentalidad autoritaria” y de querer tener razón en todo. Paz le reviró con la célebre sentencia: “Monsiváis no es un hombre de ideas sino de ocurrencias”, y además lo acusó de ser “un pepenador periodístico” pues, como escribió en sus “Aclaraciones y reiteraciones” (también en Proceso), “dedica su talento y no sé cuantas horas a la semana a hurgar en los basureros del periodismo para pepenar, por ejemplo en la revista Notitas Musicales, una declaración ridiculizable de una joven cantante, que él adereza con burlas y sarcasmos baratos, naturalmente sin firma. ¿Es ésta la ‘defensa beligerante de las conquistas irrenunciables del socialismo’?”. La polémica puede leerse en las ediciones de Proceso de diciembre de 1977 y enero de 1978.
En esa discusión también intervino el ex dirigente del movimiento estudiantil y escritor Luis González de Alba en su columna del diario unomásuno. El autor de Los días y los años se sumaba a las críticas de Paz a la izquierda mexicana, que por entonces se enfrascaba en la discusión de tonterías como la propuesta de Valentín Campa de expulsar del Partido Comunista a Diego Rivera, quien tenía 20 años de muerto... Más tarde González de Alba sería un agudo crítico de Monsiváis.
LA CULTURA EN MÉXICO: CÓMO DIRIGIR UN SUPLEMENTO CULTURAL
“Monsiváis es una persona olvidadiza, o ha tenido la suerte de reunir en su torno a mucha gente olvidadiza. Sus recuerdos del suplemento (La Cultura en México) casi nunca coinciden con los de quienes colaboramos con él cinco, 10 o 15 años. Varios han contradicho públicamente sus afirmaciones. Hay por ahí algún problema de deficiencia o de manipulación de la memoria”, escribió José Joaquín Blanco, uno de los más fieles ayudantes de Monsiváis en el suplemento fundado por Fernando Benítez (en “Los viernes de El Chico”, Crónica Dominical, núm. 111, 14 de febrero de 1999, suplemento del diario La Crónica de Hoy). “Nunca supe por qué Monsiváis”, sigue Blanco, “decidió rodearse, en lo político, de autores experimentados, ya profesores universitarios y hasta doctores, de renombre e influencia nacionales, y en cambio convocar para lo literario a puros jóvenes escasamente conocidos o de plano novatos (...) Sospecho que no deseaba rivales, compañeros de su nivel, sino discípulos dóciles”. Ante la novatez de los imberbes poetas y escritores Monsiváis se erigía como el gran conciliador: “Nos sentíamos a ratos manipulados o engañados y lanzábamos grandes gritos de guerra (...) Renunciábamos y nos apartábamos dos o tres veces por semana, aunque también dos o tres veces por semana retornábamos, tras la flauta de Hamelin de los telefonazos de Monsiváis. A veces nos cantaba al teléfono ‘Estrellita’ para disiparnos el mal humor”.
Monsiváis fingía renunciar al suplemento cada vez que los integrantes del consejo de redacción se atrevían a reclamarle algún procedimiento arbitrario o caprichoso. El consejo de redacción, según Blanco, fue un membrete del que Monsiváis se valía para lanzar críticas y denuestos anónimos o escudarse para vetar artículos y reseñas que se perdían o archivaban para siempre: “¡No puedo hacer nada, son unos energúmenos, unos enloquecidos!”, culpaba el fallecido escritor al novel consejo de redactores. Jamás permitió una crítica o cuestionamiento a Paz, Fuentes, García Terrés o los miembros de La Mafia. Durante los 15 años que dirigió el suplemento (de 1972 a 1987) “se limitaba a rumiar chismes, a fingir golpes de Estado que no duraban ni dos semanas, a armar berrinches y pataletas por el ‘excesivo culturalismo’ que se iba apoderando de lo que era, precisamente, un suplemento cultural”, termina Blanco.
El crítico de cine Jorge Ayala Blanco, colaborador del suplemento, también acusó a Carlos Monsiváis de “haber destruido a Jorge Arturo Ojeda, el mejor prosista de su generación”, y recuerda también aquellos años de poder omnímodo: “Durante 17 años aguanté las arbitrariedades de La Mafia (...) La Mafia llevaba las cuentas del PRI, de la embajada rusa y de la UNAM mediante la Imprenta Madero (...) Para La Mafia había personajes innombrables como los escritores Luis Spota, Ricardo Garibay o Elena Garro. (...) No podías escribir en ninguna publicación cultural si no pertenecías a La Mafia o eras tolerado por La Mafia. Todavía los restos de esa mafia son los que controlan; incluso las becas del Fonca son para quedar bien con los capos” (Fernando Ramírez Ruiz, “Jorge Ayala Blanco, forajido del viejo oeste cultural”, Milenio Diario, 15 de junio de 2008).
LA JORNADA SEMANAL
Fue el enojo de Monsiváis lo que ocasionó la salida de Roger Bartra de La Jornada Semanal, suplemento del diario La Jornada, el cual dirigió de junio de 1990 a febrero de 1995. Bartra se distinguió por su apertura y por la inclusión de ensayos críticos respecto de la cultura nacional y de traducciones de pensadores extranjeros. Un artículo de González de Alba (“El mundo según José Joaquín Blanco”, del que al parecer no existe versión electrónica) en el que enderezaba una dura crítica a la novela Mátame y verás (Era, 1994) de José Joaquín Blanco, causó el disgusto de Monsiváis, quien llamó a Carlos Payán, director entonces de La Jornada, para expresarle su inconformidad sobre la publicación de ese texto. Con el argumento de que el formato de revista de La Jornada Semanal salía muy caro y no era redituable en términos económicos para el diario, y por ello era necesario devolverle el antiguo tamaño tabloide que había tenido en sus orígenes, Payán le sugirió a Bartra que emprendiera la transformación del suplemento. Bartra no cayó en la trampa y, en cambio, prefirió renunciar. Monsiváis ganaba la partida.
LA LLAMADA IMPERTINENTE
Willebaldo Herrera es autor de numerosos libros de historia y crítica de la literatura mexicana. En Jorge Cuesta y la manzana francesa (Rimbaud, 2004) retoma la acerba crítica del poeta más radical de los Contemporáneos a la “identidad nacional” citada por Evodio Escalante en Las metáforas de la crítica (Joaquín Mortiz, 1998): “En México la nacionalidad tiene un sentido exclusivamente intelectual que no corresponde a la individualidad de una cultura ni a una necesidad de ella. Han sido penosamente estériles todos los esfuerzos por dar a la idea política de la nación mexicana una razón tradicional profunda”. A esta idea “el crítico progresista —se refiere a Monsiváis— responde con un discurso de franca cimentación nacionalista-revolucionaria”. “Disidente, disgregador, subvertidor de las verdades institucionales” son los adjetivos que Monsiváis le endilga a Cuesta, “movilizando los argumentos que hubiera empleado un ideólogo de la revolución mexicana”, de acuerdo con Escalante.
Autor también de Jorge Cuesta a fragmento abierto (Secretaría de Cultura/Gobierno del Estado de Puebla, 2001), Willebaldo Herrera remata en relación con la ambivalencia de Monsiváis con respecto al poeta al señalar, en su primer libro mencionado, las muchas inexactitudes biográficas en la antología que le dedicó (Jorge Cuesta, CREA, 1985). Entre varias más, por ejemplo, dice que la locura de Cuesta empezó en 1938 y luego que en 1940, además de los graves errores en la transcripción del Canto a un dios mineral y en otras fechas importantes. Cuenta Herrera que llamó a Monsiváis, a quien conocía desde la niñez, para hacerle ver esos descuidos y que el escritor, evidentemente molesto, sólo atinó a colgar el teléfono.

Andrés Manuel López Obrador entrega al escritor la presea al Mérito Ciudadano. Foto: Nelly Salas
DE LIBERALES Y OTROS PRÓCERES
Las herencias ocultas fue publicado en el año 2000 por la editorial del Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, auspiciado por la Maestra Elba Esther Gordillo. Las herencias ocultas (de la reforma liberal del siglo XIX) fue reeditado en 2007 por Debate. El crítico Rafael Lemus escribió que “es la nueva pieza en su museo imaginario. Es, como objeto, un libro de 384 páginas, tres ensayos y siete ‘crónicas históricas’ sobre siete liberales mexicanos del siglo XIX. Su forma es fragmentaria; su estilo, el ya conocido. Mentiríamos si dijéramos que la obra despunta por un desusado rigor: no teoriza ni ofrece una sabia lectura del liberalismo ni es producto de una morosa investigación histórica. Antes que demorarse en una época y una ideología, el libro esculpe las figuritas de siete próceres mexicanos. Ése, su propósito: engordar el acervo del museo con la adquisición de un puñado de muñequitos heroicos. No son figuras realistas sino ejemplares, desprovistas de defectos y bañadas en bronce. No descansan en un rincón sino justo en el centro del museo, como homéricos padres de toda la cultura mexicana no católica. Si alguien resiente la tosquedad de las piezas, otro paseo por El Estanquillo puede ser aleccionador: Monsiváis envidia —y remeda, apenas puede— a los moneros” (en Letras Libres, julio de 2007).
2006
En defensa de Andrés Manuel López Obrador, Carlos Monsiváis no dudó en corear ante un Zócalo abarrotado de seguidores la consigna que convalidaba el supuesto fraude electoral. Pero ante la toma del Paseo de la Reforma por los obradoristas el escritor esbozó apenas una leve crítica: “En una ciudad tan frágil, tan convulsa y tan vulnerable, los bloqueos son inadmisibles. Las marchas y los plantones tienen toda la razón de ser, pero un bloqueo de esta naturaleza me resulta inadmisible ya que atenta contra los derechos urbanos de manera directa”.
El 2006 fue un año convulso y fueron millones de ciudadanos los que tomaron partido por uno u otro bando. Entre los intelectuales obradoristas Monsiváis fue uno de los más conspicuos, lo que le valió duras críticas de analistas y escritores como Luis González de Alba: “En el convite para la refundación del PRI, a cargo de López Obrador, gran número de intelectuales mexicanos desfilaron tras la bastonera Poniatowska y el tamborilero Monsiváis. ¿Cómo pudo tal patinazo ocurrir? Intentemos desbrozar el enigma”, escribe en “Erotismo, sexualidad e intelectuales” (Letras Libres, septiembre de 2006) a propósito de la numerosa cantidad de escritores, académicos y artistas seducidos por el ex candidato de la Coalición Por el Bien de Todos a la Presidencia.
“MEXICO PIERDE A SU PROLOGUISTA” — DIEGO PETERSEN DIXIT
Muchos de los enigmas y claroscuros en torno a la vida y obra de Carlos Monsiváis persistirán, seguramente, y otros serán develados con el tiempo. El cronista, ahora tan llorado, no fue santo de la devoción de muchos de sus contemporáneos ni de personas que trabajaron cerca de él y gozaron de su confianza y hasta de cierta intimidad. Malú Huacuja del Toro, por ejemplo, fue una de ellas. Escritora mexicana avecindada en Nueva York, en su novela Crónicas anticonceptivas (Cuadernos de El Financiero, 2006; puede verse un fragmento en http://cronicasanticonceptivas.blogspot.com/) ofrece pasajes que capturan a un Monsiváis muy alejado de la imagen bonachona y generosa que tiene de él la inmensa mayoría de sus admiradores y lectores. Monsiváis fue un personaje complejo al que debe leerse con ánimo crítico, como él mismo lo hizo con incontables autores desde sus primeras lecturas en la adolescencia. Lo más probable es que juicios tan inmediatos como “Fox ha sido el peor presidente de la historia de México”, entre un largo rosario, se olvidarán porque, como escribe Héctor Villarreal, no pudo haber sido peor que Gustavo Díaz Ordaz o Luis Echeverría (en “Monsimanía: una devoción anacrónica”, revistareplicante.com). “No puedo hacer un resumen de mi vida, porque está conformada por varias épocas y circunstancias, libros, amistades y pleitos, y eso, sólo admite resúmenes parciales”, dijo, con toda razón, Carlos Monsiváis. Rogelio Villarreal

sábado, 19 de junio de 2010

Muere Monsiváis

Murio Monsiváis, quizá una de las obras que más me gustó de él, fue "El nuevo catecismo para indios remisos", sin duda para mí apreciación una buena obra.

viernes, 18 de junio de 2010

Muere Saramago


José Saramago, el primer escritor portugués que llegó a ganar un Nobel de Literatura aunque su popularidad en su país quedó empañada por su inquebrantable apoyo al comunismo y su actitud franca, murió el viernes. Tenía 87 años.
Saramago falleció en su casa en Lanzarote, Islas Canarias, debido a una insuficiencia de múltiples órganos tras una larga enfermedad, dijo la Fundación José Saramago.
"Murió en compañía de su familia, diciendo adiós de un modo sereno y plácido", según la fundación.
Saramago fue un hombre franco y a veces irritable que contrarió a muchos. Tras una confrontación pública con el gobierno portugués en 1992, se mudó a Canarias, donde vivió desde entonces.
Sin embargo, su Nobel de 1988 fue ampliamente celebrado en el país porque hasta entonces se había eludido a los escritores de su lengua, hablada por unos 140 millones de personas alrededor del mundo.
"La gente solía decir de mí: 'Es bueno, pero es un comunista'. Ahora dicen: 'Es un comunista, pero es bueno'", expresó a The Associated Press en una entrevista en 1998.
El primer ministro portugués José Sócrates dijo que Saramago fue "una de nuestras grandes figuras culturales y su desaparición ha empobrecido nuestra cultura".
Por su parte, el ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, emitió un comunicado expresando su pesar por la muerte "de un hombre que, con su obra, dejó una extraordinaria contribución para la literatura mundial y para la valorización de la lengua portuguesa, además de representar, por su conducta personal, un ejemplo de actuación a favor de un mundo más justo".
Nacido el 16 de noviembre de 1922 en el poblado de Azinhaga, cerca de Lisboa, Saramago se crió en la capital. De familia pobre, no llegó a terminar la universidad pero continuó estudiando a tiempo parcial mientras trabajaba como obrero metalúrgico.
Su primera novela se publicó en 1947, "Tierra de pecado", y trata sobre campesinos que atraviesan una crisis moral. El libro se vendió mal, pero le dio a Saramago el suficiente reconocimiento como para obtener un empleo en una revista literaria.
Sin embargo, durante los 18 años siguientes Saramago sólo publicó unos cuantos libros sobre viajes y poesía mientras trabajaba como periodista.
"Supongo que llegué a la conclusión de que no tenía nada que contar", dice de aquel período.
Volvió a escribir ficción tras el derrocamiento de la dictadura de cuatro décadas impuesta por Antonio Salazar en un golpe militar en 1974.
El aplauso de la crítica internacional llegó tarde en su vida, empezando con su fantasía histórica de 1982 "Memorial del convento", que se publicó en inglés en 1988 como "Baltasar y Blimunda".
La historia transcurre en la época de la Inquisición y explora la batalla entre los individuos y la religión organizada, recogiendo el recurrente tema de Saramago de la lucha del ser solitario contra la autoridad.
El relato recuerda un acalorado enfrentamiento que Saramago tuvo con el subsecretario de estado para la cultura, Antonio Sousa Lara, unos años antes y que llevó al escritor a mudarse a las islas españolas.
Sousa Lara retiró el nombre de Saramago de los postulados portugueses al Premio Europeo de Literatura. Dijo que su novela de 1991 "El evangelio según Jesucristo", en la que Cristo vive con María Magdalena e intenta evadir su crucifixión, ofendió las creencias religiosas de los portugueses y dividió al país de mayoría católica.
Saramago, indignado, acusó al gobierno de censura.
Saramago a menudo se encontró nadando contra la corriente de la opinión popular. La afiliación de Portugal a la Unión Europea es considerada en general como algo positivo en este país.
Pero no para Saramago.
"Antes que nada soy portugués, luego ibérico, y entonces, si se me antoja, europeo", le dijo alguna vez a la AP.
Desde la década de 1980 Saramago fue uno de los escritores contemporáneos más exitosos de Portugal. Sus trabajos se han traducido a más de 20 idiomas.
Pero él nunca cortejó el tipo de fama ofrecida por los premios literarios y su franqueza podía a veces ofender.
"Soy escéptico, reservado, no hablo efusivamente, no me la paso sonriendo, abrazando a la gente y tratando de hacer amigos", declaró.
En 1998 dijo que su libro "Ensayo de la ceguera" versaba sobre "una ceguera de racionalidad". Ese libro, que en el 2008 fue llevado al cine en una película protagonizada por Mark Ruffalo y Julianne Moore, la población de una ciudad no especificada sufre una enfermedad misteriosa que nunca se explica. Las fragilidades de la sociedad saltan a la vista cuando se produce un colapso general de la infraestructura.
"Somos seres racionales, pero no nos comportamos racionalmente. Si lo hiciéramos, no habría hambre en el mundo", expresó.
Esa compasión y ansiedad por la distorsión de las prioridades en la sociedad moderna es evidente en todas sus obras y también muestra su perdurable inclinación hacia el Partido Comunista.
A menudo se le comparó con el premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez y su estilo narrativo fue descrito como realismo teñido con misticismo latinoamericano, particularmente por su técnica de enfrentar personajes históricos con personajes ficticios.
El crítico portugués Torcato Sepúlveda dijo que Saramago exitosamente "buscó reconciliar el racionalismo de su visión materialista con la riqueza de su estilo barroco".
Otros estaban en desacuerdo y decían que Saramago era demasiado intelectual y que su ritmo narrativo a menudo se diluía en la monotonía, o que su limitado uso de signos de puntuación confundía al lector.
Saramago tenía un remedio: "Les digo que lean mis libros en voz alta y entonces agarrarán el ritmo, porque esto es 'oralidad escrita'. Es la versión escrita del modo en que la gente se cuenta cuentos entre sí".
Saramago se caracterizó por sus travesuras históricas y literarias.
En "Historia del cerco de Lisboa", de 1989, un corrector inserta maliciosamente la palabra "no" a un texto sobre la captura de la capital portuguesa de los moros en el siglo XII, alterando de ese modo el curso de la historia de Europa.
En su libro de 1986, "La balsa de piedra", la península ibérica se separa del resto del continente europeo y flota hasta el norte del Atlántico, quizás en una metafórica de su búsqueda de identidad lejos de la naturaleza estandarizadora de la UE.
Sobreviven a Saramago su esposa, la periodista española Pilar del Río, y una hija de su primer matrimonio.

lunes, 14 de junio de 2010

El país sufre el día más violento del sexenio


Junio 11 (EL UNIVERSAL)

En lo que constituye el día más violento desde que la actual administración federal estableció la lucha frontal como estrategia para abatir a la delincuencia organizada, 85 personas perdieron la vida en hechos relacionados directamente con ajustes de cuentas entre bandas rivales, enfrentamientos y asesinatos con armas de fuego de grueso calibre.


El récord de homicidios relacionados con el hampa, de acuerdo con el recuento de EL UNIVERSAL, lo tenía el día 3 de noviembre de 2008, cuando 58 personas perdieron la vida.
Entre la noche del jueves y el viernes, en Chihuahua ocurrieron 38 ejecuciones; en Tamaulipas 20; cinco en Guerrero y seis en Sinaloa.
También se registraron homicidios en San Luis Potosí, Baja California, Durango, Morelos, Jalisco, Querétaro, Distrito Federal, estado de México y Nayarit.
En la ciudad de Chihuahua, un grupo de sicarios irrumpió en un centro de rehabilitación contra adicciones y literalmente fusiló a 19 internos.
Según testigos, los delincuentes tocaron el timbre y se identificaron con el portero, como agentes federales, al que le dijeron que realizarían un cateo.
Una vez adentro obligaron a los casi 30 internos a tirarse boca abajo en el suelo y los rafaguearon.
Desde Sudáfrica, el presidente Felipe Calderón condenó los hechos.
La Presidencia de la República emitió un comunicado en el que dice que "lo acontecido en el Centro de Rehabilitación Fe y Vida, en el estado de Chihuahua, son actos indignantes que refuerzan la convicción de la necesidad de combatir con toda la fuerza de la ley a grupos criminales que realizan semejantes actos de barbarie".
En Ciudad Juárez se reportaron otros 19 homicidios, entre las víctimas está un capitán y dos agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, que resguardaban una propiedad incautada a presuntos narcos.
En Ciudad Valles, San Luis Potosí, media docena de estudiantes de bachillerato que se dirigían a una fiesta a bordo de una camioneta Chevrolet, quedaron en medio de un enfrentamiento a balazos entre dos grupos de sicarios, dos jóvenes fallecieron y cuatro resultaron con lesiones graves.
En Ciudad Madero, Tamaulipas, fueron localizados los cuerpos de 20 personas, entre ellas dos mujeres, ejecutadas con huellas de haber sido torturadas.
Las víctimas, que aparecieron en cinco lugares de la ciudad, presuntamente pertenecían a una banda delictiva denominada "Los Alacranes".

miércoles, 9 de junio de 2010

Un cuento en cadena...

Un cuento en cadena firmado por ti y por Andrés Neuman
Participa en la redacción de 'Silla para alguien'.- El primer párrafo es obra del último premio Nacional de la Crítica

Con motivo de la Feria del Libro de Madrid, 'Babelia' y ELPAÍS.com proponen a los lectores la redacción de un cuento en cadena. Para continuar el relato iniciado por Andrés Neuman , puedes enviar un máximo de cien palabras. Debes indicar si es punto seguido o aparte. Un asterisco marca cada nuevo párrafo. Sólo se preseleccionarán los textos recibidos en la dirección babelia.elpais@gmail.com, entre las 12.00 hora peninsular española (10.00 GMT) hasta las 9.00 (7.00 GMT) del siguiente día laborable. A las 12.00 de cada día laborable se publicará el nuevo párrafo seleccionado. El cuento en cadena que se cerrará el viernes 11 de junio a las 9.00. El último párrafo será escrito por un autor por definir. 'Babelia' publicará en las próximas semanas en su edición impresa el relato completo.
CUENTO:

Esta es tu silla, ¿ves? Por favor, ven, siéntate. Ahora despliego el respaldo, reviso las ruedas, les paso un trapo húmedo para que tus manos sigan tan blancas como siempre. Blancas, no inocentes: a ti y a mí la inocencia no nos interesa demasiado. El color blanco sí, porque es fruto del esfuerzo. Hay que cuidarlo, mantenerlo limpio. Así que la preparo, como te prometí. La he preparado, ¿sabes?, durante meses, años, no me acuerdo bien. Eso me pasa con esta silla: me concentro tanto en ella que el calendario se pone a rodar y ya no sé qué fecha es, ni hace cuánto te espero.
El joven Hobermann toma asiento. Un mando a distancia sobre la mesa parece decirle "pulsa mi tecla de ON y disfruta; no preocupaciones, no estrés, no más allá de ese Take Five, Dave Brubeck Quartet". Hobermann y un mando a distancia sobre una gran mesa vacía, sin curvas, sin molduras torneadas; esto es puro racionalismo, esto es simple y llana sincronía con una Bauhaus que dejó seca a media Europa.
- ¿Qué me dice de ese mando a distancia? - pregunta Hobermann.
- ¿Debo decirle algo?
- ¿Qué sucederá después?
- ¿Dave Brubeck, Take Five? -responde el hombre de la kipá blanca.
*
- Ya. Entiendo ¿Pero puedo hacerle una última pregunta?
- Dos.
- ¿Dónde estoy?
- Querrá decir, ¿dónde estamos?
- Sí, eso.
- ¿En el avión no le dijeron nada?
- Nada.
- Mucho mejor. Ya que lo he esperado tanto tiempo...
Se quedan en silencio, tratando de no mirarse.
-Voy a hacer una excepción -dice de repente el hombre de la kipá blanca. Empuja la silla de Hobermann hasta dejarla al lado de una diminuta rendija, único punto por donde entra luz natural al recinto. Le entrega unos binoculares; casi enseguida se los retira. Camina hasta el armario y regresa con un telescopio pequeño.
-Mejor esto -le dice.
*
Mira a lo lejos, Hobermann, vislumbra. ¿Por qué te he esperado tanto tiempo? ¿Por qué las únicas referencias son tus manos blancas, tu silla y lo que veas por la rendija? Mira a lo lejos y comprende. Ayúdame a comprender... por ejemplo: ¿Por qué te hablo de usted?
-¿Qué ve? -pregunta el hombre de la kipá.
-No mucho. ¿Qué se supone que debo ver?
-Usted preguntó dónde estamos.
-Sí, pero sólo veo un campo vacío, un árbol y un muro con un portón a lo lejos.
-Ve el Sol, es de día, ahora vea su reloj -añade el hombre de la kipá.
*
Hobermann se desmoraliza. En su muñeca sólo queda una marca blanquecina.
- Lo siento. A veces olvido que no están permitidos los objetos personales.
El hombre de la kipá empuja de nuevo la silla, no puede evitar bufar al comprobar que una de las ruedas chirría. Le incomoda haber dejado pasar por alto esa clase de detalles, y también haber parecido torpe al invitar a Hobermann a comprobar su reloj.
- Sólo le diré que es un poco más tarde del mediodía.
Deja a Hobermann frente a la mesa, extiende la mano y señala el mando a distancia.
- Le toca.
*
David Hobermann coge el mando a distancia y pulsa ON. La pantalla de televisión en blanco y negro relata una escena extraña: Un hombre joven con una kipá blanca ayuda a un niño a montar una construcción. Lleva una bata blanca. El fondo sonoro es Take five. En la sala, por todos lados, otros niños se mueven inquietos, todos llevan puesto una kipá blanca y parecen solos.
- No quiero ver más, sé qué es lo que pretende. No quiero volver.
*
- Veo que ya no le importa el pasado. Olvidar no es la mejor solución, piense en lo que les sucedió a los otros.
Hobermann permanece en silencio. No pensaba que caerían tan bajo. Aprieta sus manos con rabia hasta volver blancos sus nudillos. De repente, en la televisión uno de los niños se acerca a la pantalla y susurra una palabra indescifrable, parece triste, pero sus ojos reflejan unos rasgos humanos, una cara se ve con nitidez en su pupila negra.
- Antes dijo que podía realizar dos preguntas - dice Hobermann.
- Creo que es justo. Adelante, pregunte.
*
Hobermann pulsa el botón de pause en el mando y el niño de la imagen se detiene.
- Necesito saber qué pasó. Aquel experimento era perfecto, no había fisuras, ¿por qué salió mal?
- Eso no es una pregunta, son varias.
- Lo sé, pero antes de terminar con todo necesito esas respuestas.
El hombre de la kipá blanca se sienta en el borde de la mesa y mira a Hobermann.
- Yo soy uno de esos niños. Como ve, el experimento no salió tan mal como quisieron hacerle creer.
- ¡Malditos seáis! grita Hobermann estrellando el mando a distancia contra el suelo...
*
Hobermann se sienta en la silla. Se tapa la cara con las manos. Guarda silencio.
El hombre de la kipá prácticamente ni se inmuta. Se agacha despacio para recoger los fragmentos del mando a distancia. Lo hace con método, tomándose su tiempo.
- Mi paciencia no es infinita, como no lo es el tiempo del que disponemos. Hay ciertas premuras. Urgentes. Y se hará, por encima de usted si es preciso. Su ayuda para el experimento le cualifica, pero hay otras vías. Lo sabe ¿verdad?
Deposita los trozos del mando en la mesa y se levanta.
- ¿Quiere respuestas? Venga conmigo.
*
Bajo la fuerte luz el campo parece desgastado, blanquecino, el hombre de la kipá brilla mientras camina levantando con cada pisada una bocanada de humo, Hobberman le sigue dócilmente, se dirigen hacia el portón que descubrió antes con el telescopio. De pronto del árbol se elevan dos cuervos gritando y el portón comienza a abrirse lento y quejoso.

El primer párrafo ha sido escrito por Andrés Neuman; el segundo, por Álvaro Valiente; el tercero, por Juan Merino; el cuarto, por Edgar Pavia; el quinto, por Ángela Medina; el sexto, por Charo Begué; el séptimo, por Alejandro Martínez; el octavo, por Mª del Pilar Polo; el noveno, por Víctor Briones; el décimo, por Fernando López del Hierro. Envía el undécimo párrafo de este relato mandando un máximo de cien palabras a babelia.elpais@gmail.com, sólo entre las 12.00 de hoy y las 9.00 del jueves, hora peninsular española (de 10.00 GMT de hoy a 7.00 GMT del jueves). Visita el blog de 'Babelia', Papeles perdidos, para disfrutar de la Feria del Libro de Madrid