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domingo, 30 de enero de 2011

Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales 2010.


Encuesta de lectura 2010. Interesante chéquenla.

domingo, 23 de enero de 2011

La civilización del espectáculo. M. Vargas Llosa



Espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, alma. El Nobel Mario Vargas Llosa se pregunta si estas palabras significan algo todavía. Con este texto inédito, el prólogo de su próximo libro- responde al papel de la cultura hoy, define lo que ha bautizado como la "civilización del espectáculo" y desarrolla su Alegato de defensa de los valores eternos




"Las horas han perdido su reloj"
Vicente Huidobro



Este ensayo fue naciendo en los últimos años sin que yo me diera cuenta, a raíz de la incómoda sensación que solía asaltarme a veces visitando exposiciones, asistiendo a algunos espectáculos, viendo ciertas películas, obras de teatro o programas de televisión, o leyendo ciertos libros, revistas y periódicos, de que me estaban tomando el pelo y que no tenía cómo defenderme ante una arrolladora y sutil conspiración para hacerme sentir un inculto o un estúpido.
Este libro es mi alegato de defensa. Cuando comencé a escribirlo descubrí que llevaba tiempo tocando algunos de sus temas de manera fragmentaria en artículos y polémicas, y eso explica que cada capítulo tenga como colofón unos "antecedentes" que reproducen aquellos textos tal como fueron publicados (con la ocasional corrección de una errata o una falta de puntuación). Pero he utilizado también, en algunos capítulos, partes, a veces muy amplias, de ensayos y charlas, introduciendo en estos textos, allí sí, enmiendas importantes. Pese a todos esos collages creo que el libro es un ensayo orgánico que fui elaborando a lo largo de años aguijoneado por un tema inquietante y fascinante: cómo la cultura dentro de la que nos movemos se ha ido frivolizando y banalizando hasta convertirse en algunos casos en un pálido remedo de lo que nuestros padres y abuelos entendían por esa palabra. Me parece que tal transformación significa un deterioro que nos sume en una creciente confusión de la que podría resultar, a la corta o a la larga, un mundo sin valores estéticos, en el que las artes y las letras -las humanidades- habrían pasado a ser poco más que formas secundarias del entretenimiento, a la zaga del que proveen al gran público los grandes medios audiovisuales, y sin mayor influencia en la vida social. Ésta, resueltamente orientada por consideraciones pragmáticas, transcurriría entonces bajo la dirección absoluta de los especialistas y los técnicos, abocada esencialmente a la satisfacción de las necesidades materiales y animada por el espíritu de lucro, motor de la economía, valor supremo de la sociedad, medida exclusiva del fracaso y del éxito, y, por lo mismo, razón de ser de los destinos individuales.
Ésta no es una pesadilla orwelliana sino una realidad perfectamente posible a la que, insensiblemente, se han ido acercando las naciones más avanzadas y libres del planeta, las del Occidente democrático y liberal, a medida que los fundamentos de la cultura tradicional entraban en bancarrota, se iban desintegrando, y los iban sustituyendo unos embelecos que han ido alejando cada vez más del gran público las creaciones artísticas y literarias, las ideas filosóficas, los ideales cívicos, los valores y, en suma, toda aquella dimensión espiritual llamada antiguamente la cultura, que, aunque confinada principalmente en una elite, desbordaba en el pasado hacia el conjunto de la sociedad e influía en ella dándole un sentido a la vida y una razón de ser a la existencia que trascendía el mero bienestar material del ciudadano. Nunca hemos vivido como ahora en una época tan rica en conocimientos científicos y hallazgos tecnológicos ni mejor equipada para derrotar la enfermedad, la ignorancia y la pobreza y, sin embargo, acaso nunca hayamos estado tan desconcertados y extraviados respecto a ciertas cuestiones básicas como qué hacemos aquí en este astro sin luz propia que nos tocó, si la mera supervivencia es el único norte que justifica la vida, si palabras como espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, arte, creación, alma, trascendencia, significan algo todavía, y, si la respuesta es positiva, qué es exactamente lo que hay en ellas y qué no. Antes, la razón de ser de la cultura era dar una respuesta a este género de preguntas, pero lo que hoy entendemos por cultura está exonerada por completo de semejante responsabilidad, ya que hemos ido haciendo de ella algo mucho más superficial y voluble, o una forma de diversión ligera para el gran público o un juego retórico, esotérico y oscurantista para grupúsculos vanidosos y de espaldas al conjunto de la sociedad.
La idea de progreso es engañosa. Quién, que no fuera un ciego o un fanático, podría negar que una época en la que los seres humanos pueden viajar a las estrellas, comunicarse al instante salvando todas las distancias gracias al Internet, clonar a los animales y a los humanos, fabricar armas capaces de volatilizar el planeta e ir destruyendo con nuestras prodigiosas invenciones industriales el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra que nos alimenta, ha alcanzado un desarrollo sin precedentes en la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, nunca ha estado menos segura la supervivencia de la especie por los riesgos de una confrontación atómica, la locura sanguinaria de los fanatismos religiosos y la erosión del medio ambiente, y acaso nunca haya habido, junto a las extraordinarias oportunidades y condiciones de vida de que gozan los privilegiados, el contraste de la pavorosa miseria y las atroces condiciones de vida que todavía padecen, en este mundo tan próspero, centenares de millones de seres humanos, y no sólo en el llamado Tercer Mundo, también en enclaves de horror y vergüenza en el seno mismo de las ciudades más opulentas del planeta.
En el pasado, la cultura tuvo siempre que ver con esos temas y fue a menudo el mejor llamado de atención ante semejantes problemas, una conciencia que impedía a las personas cultas dar la espalda a la realidad cruda y ruda de su tiempo. Ahora, más bien, lo que llamamos cultura es un mecanismo que permite ignorar los asuntos problemáticos, distraernos de lo que es serio, sumergirnos en un momentáneo "paraíso artificial", poco menos que el sucedáneo de una calada de marihuana o un jalón de coca, es decir, una pequeña vacación de irrealidad.
Todos estos son temas profundos y complejos que no caben en las pretensiones, mucho más limitadas, de este libro. Éste sólo quiere ser un testimonio personal, en el que aquellas cuestiones se refractan en la experiencia de alguien que, desde que descubrió, a través de los libros, la aventura espiritual, tuvo siempre por un modelo a aquellas personas cultas, que se movían con desenvoltura en el mundo de las ideas y que tenían más o menos claros unos valores estéticos que les permitían opinar con seguridad sobre lo que era bueno y malo, original o epígono, revolucionario o rutinario, en la literatura, las artes plásticas, la filosofía, la música. Muy consciente de las deficiencias de mi formación escolar y universitaria, durante toda mi vida he procurado suplir esos vacíos, estudiando, leyendo, visitando museos y galerías, yendo a bibliotecas, conferencias y conciertos. No había en ello sacrificio alguno. Más bien, el inmenso placer de ir, poco a poco, descubriendo que se ensanchaba mi horizonte intelectual, que entender a Nietzsche o a Popper, leer a Homero, descifrar el Ulises de Joyce, gustar la poesía de Góngora, de Baudelaire, de T. S. Eliot, explorar el universo de Goya, de Rembrandt, de Picasso, de Mozart, de Mahler, de Bartók, de Chéjov, de O'Neil, de Ibsen, de Brecht, enriquecía extraordinariamente mi fantasía, mis apetitos y mi sensibilidad.
Hasta que, de pronto, empecé a sentir que muchos artistas, pensadores y escritores contemporáneos me estaban tomando el pelo. Y que no era un hecho aislado, casual y transitivo, sino un verdadero proceso del que parecían cómplices, además de ciertos creadores, sus críticos, editores, galeristas, productores, y un público de papanatas inconscientes a los que aquellos manipulaban a su gusto, haciéndoles tragar gato por liebre, por razones crematísticas a veces y a veces por pura frivolidad.
Quiero dejar sentada mi protesta, por lo que pueda valer, que, lo sé, no será mucho. Hay demasiados intereses de por medio, helás. Probablemente, el fenómeno que este ensayo describe en unos cuantos apuntes no tenga remedio, porque forma ya parte de una manera de ser, de vivir, de fantasear y de creer de nuestra época, y que lo que este libro añora sea polvo y ceniza sin resurrección posible. Pero podría ser, también, ya que nada se está quieto en el mundo en que vivimos, que ese fenómeno, la civilización del espectáculo, perezca sin pena ni gloria, por obra de su propia inanidad y nadería, y que otro lo reemplace, acaso mejor, acaso peor, en la sociedad del porvenir. Confieso que tengo poca curiosidad por el futuro, en el que, tal como van las cosas, tiendo a descreer. En cambio, me interesa mucho el pasado, y muchísimo el presente, que sería incomprensible sin aquél. En este presente hay innumerables cosas mejores que las que vieron nuestros ancestros, desde luego: menos dictaduras, más democracias, una libertad que alcanza a más países y personas que nunca antes, una prosperidad y una educación que llegan a muchas más gentes que antaño y unas oportunidades para un gran número de seres humanos que jamás existieron antes, salvo para ínfimas minorías.
Pero, en un campo específico, aunque de fronteras volátiles, el de la cultura, creo que hemos retrocedido, sin advertirlo ni quererlo, por culpa fundamentalmente de los países más cultos, los de la vanguardia del desarrollo, los que marcan las pautas y las metas que poco a poco van contagiando a los que vienen detrás. Y asimismo creo que una de las consecuencias que podría tener la corrupción de la vida cultural por obra de la frivolidad, podría ser que aquellos gigantes, a la larga, revelaran tener unos pies de barro y perdieran su protagonismo y poder, por haber derrochado con tanta ligereza el arma secreta que hizo de ellos lo que han llegado a ser, esa delicada materia que da sentido, contenido y un orden a lo que llamamos civilización.
Juan Dolio, diciembre de 2010.

domingo, 16 de enero de 2011

LA BELLEZA QUE SALVA

A desprecio de algunos contemporáneos en el siglo veintiuno, creo en la obra artística como redención para el hombre. Creo en la Belleza que salva. El arte por el arte no me motiva. La creación artística suma algo más que habilidades y técnicas.
La obra de arte nos revela imagen de Dios, la creación del artista es la laguna diáfana donde se refleja el hombre creador. El arte nos desnuda en igualdad con el Artista supremo. El hombre en el instante creativo, en esos momentos de gracia, se enrola en Dios, se hace co-creador en él. “El poeta es un pequeño Dios”, profiere Vicente Huidobro, en su Arte poética.
Para la elaboración del arte, el creador transforma la realidad, no la copia, le da vida, espiritualiza el objeto artístico. Así, el sol emergiendo de las playas de Tulum, no es arte sino belleza. Todo arte implica el toque humano. Así como el Artista supremo da el ser, así la obra de arte, proyección del artista, se objetiviza. Hay que transformar, inventar, no copiar, pretender dar el ser. Ex nihilo sui et subiecti (“el que crea da el ser mismo, saca alguna cosa de la nada” y esto, en sentido estricto, es el modo de proceder exclusivo del Omnipotente, mientras que el hombre, es co-creador en él)[1]. Siguiendo esta línea de pensamiento, no se puede dejar a la elaboración artística en mero cosmético, ése sería el papel de la artesanía, el ornamento, pero no el de la obra maestra. El extranjero de Albert Camus, no es puro entretenimiento, el Guernica de Picasso, expresa más que cualquier cuadro que adorna una mesa de comedor; Black, de Pearl Jam, es mucho más que una tonada melancólica.
Creo en el arte, decía, como redención. En la obra artística el creador patenta su individualidad. Con el ser del arte revelamos nuestra persona única e irrepetible. Nos desprendemos de la masa para ser un Yo que se relaciona con un Tú, existir es coexistir, pero como personas, no como seres sin rostro. Los lienzos de Boticelli no se equiparan a los de Picasso. Así como el rock de Carlos Santana no se escucha igual a Fade to black de Metallica. El arte es expresión, y la expresión individualiza. En el arte hay técnica, seguro, pero hay también imaginación. Dice R. G. Collinwood: “el arte es la expresión imaginativa de la emoción”. Pienso en el arte como salvación, y rememoro algunos puñetazos de éste, que han sido nocauts en la integridad de mi ser, verbigracia: el drama teatral de Sartre, Huis Clos, y su frase “El infierno son los otros”. Algunos versos del poema de Verlaine Frente a Cristo::

“¡Oh Dios, de mi amor mi corazón heristeis,
y la herida, de amor está sangrando!
¡Oh Dios, de mi amor mi corazón heristeis!”.

Recuerdo también la obra Huapango de José Pablo Moncayo. Los versos de Piedra de sol de Octavio Paz que dicen: “(...) voy por tu cuerpo como por el mundo, / tu vientre es una plaza soleada (...)”. Una de mis canciones entrañables y que muy a menudo escucho: Alive de Pearl Jam. El arte en mi vida ha sido motivo para escudriñarme, para cambiar, para dar sentido a muchas cosas, para reflexionar. El arte con su belleza me ha salvado.
Fernando Botero, en entrevista con Silvia Lemus, asentía que si a los niños guerrilleros de Bogotá, les cambiaban el fusil por un violín, después, jamás se atreverían a matar a ningún hombre. En la intimidad del artista, con su creación, se va pariendo la belleza, y así deja de ser abstracción para plasmarse objetivamente; el creador es el primer contemplador de belleza, más que un rapto, como lo veía Kant, lo siento como una invitación a la consagración del instante, como lo entrevió Paz; en esa invitación al viaje de consagrar, el artista vislumbra un destello de eternidad. Bien lo intuyó Blake, al poetizar:

“Para ver el mundo en un grano de arena,
y el cielo en una flor silvestre,
abarca el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora.
Aquél que se liga a una alegría hace esfumar el fluir de la vida;
aquél quien besa la joya cuando ésta cruza su camino, vive en el amanecer
[de la eternidad”.



[1] S.S. Juan Pablo II, Carta a los artistas, “El artista, imagen de Dios Creador”, en http://www.multimedios.org/bec/etexts/artis13.htm.–

miércoles, 12 de enero de 2011

UN CONSEJO DE PESSOA



Nada en su vida es sorprendente
nada, excepto sus poemas
Octavio Paz




El poeta es un fingidor ¿Y qué fue lo que realizó Pessoa con sus versos? Fingir; ser otro, otros. En sus heterónimos descubrimos poetas reales, poetas coherentes, voces propias y seres independientes. Sus poemas extraordinarios los salvaron del anonimato. La poesía salvo a Fernando Pessoa de su vida gris y mediocre. Muchos conocen los poemas pessosianos desdoblados por: Alberto Caerio, Álvaro de Campos y Ricardo Reis. Sólo algunos conocen la biografía y filosofía de cada heterónimo; pero solamente pocos conocen el estilo literario de sus personajes. Para José Saramago; Reis fue el alter ego de Pessoa, o por lo menos así nos lo mostró en su novela: El año de la muerte de Ricardo Reis.
¿Pero quién fue el poeta heterónimo Ricardo Reis? Según el baúl de manuscritos de Pessoa, Ricardo nació en Oporto el 19 de septiembre de 1887 a las 4:05 de la tarde (aunque su fecha correcta es inexacta porque el mismo Fernando mencionaba varias). De piel morena mate, con 1.70 metros de estatura y médico de profesión. Según su creador, Reis fue educado con los jesuitas, aunque termino aborreciendo el cristianismo. A Cristo lo veía como: uno más en el Panteón y en el culto. Creyó en el poder de la monarquía y tuvo principios conservadores, motivo por el cual tuvo que exiliarse en Brasil.
Consideraba que nadie es dueño de la verdad absoluta y para él, todo era relativo. Pudiera decirse que sus ideas coqueteaban con el epicureismo y el estoicismo. Muchos de sus breves poemas están cargados del carpe diem horaciano: dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.
Poeta pagano, defensor de la disciplina literaria y la forma. Sin duda influido por los poetas latinos, neoclásico.
Misántropo, prefirió los géneros clásicos altamente elaborados como el epigrama, la elegía y la oda, en suma: Ricardo Reis creyó en la forma. Reis es el heterónimo que más se aproximaba a su creador, tanto en el aspecto físico —fue moreno, de estatura media, caminaba algo curvado, era magro y tenía apariencia de judío portugués (Fernando Pessoa tenía ascendencia judía)— tanto en la manera de ser como en el pensamiento.
Según Federico Reis, la filosofía en la obra de su hermano se resume en un epicureismo triste. Reis a diferencia de sus hermanos heterónimos fue un ratón de biblioteca, conocedor de la mitología antigua, escribió en endecasílabos y heptasílabos.
Para muchos estudiosos de la obra pessosiana, Ricardo Reis es solamente un heterónimo más, para otros, una realidad tan tangible, tan exacta en genio y figura, como el Juan de Mairena de Machado.
Para Octavio Paz la poesía de Reis es como un dibujo lineal; precisa y simple. Y para comprobar lo anterior, analizaremos a continuación, un poema de Pessoa o mejor dicho un poema de Ricardo Reis su alter ego.

Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así la luna entera en cada lago
brilla, porque alta vive.

Al vislumbrar este paisaje literario de Reis, encontramos un poema breve de seis versos, con una media silábica de decasílabos. Poema sin título. Rozando los linderos del aforismo. Aforismo que abandona sus territorios y se muta en poesía por la imagen de remate.

Para ser grande, pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas. Sé entero.

Hasta aquí un aforismo impecable. No le sobra ni le falta ninguna frase. Redondo. Poema de formación. Por momentos esa sucinta lectura nos descubre la imagen de un gran maestro en el crepúsculo, a la orilla de un lago, con su discípulo, a quien el maestro predica:
Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.

Pero aquel maestro para rematar su consejo da un ejemplo señalando la luna y exclamando:

Así la luna entera en cada lago
brilla, porque alta vive.

Así tenemos al fin por la imagen, ni un aforismo ni consejo, sino un epigrama, es decir; un poema de Pessoa.

lunes, 10 de enero de 2011

Advierten que uso de Blackberry puede causar adicción


Al usar un Blackberry por largos periodos de tiempo se puede llegar a tener una adicción, la cual puede tener el mismo grado de peligro que el alcohol o cualquier otra sustancia adictiva, alertaron especialistas de la Universidad de Monterrey (UDEM)
La catedrática de Evaluación Clínica de la UDEM, Hermelinda Leal Treviño, dijo que la falta de seguridad en sí mismo, dependencia, incapacidad para relacionarse con otros, la ansiedad y estrés, son posibles características que puede desarrollar una persona adicta al Blackberry.
"Cuando se siente la necesidad de estar comunicado e interactuar con otros, el ser humano genera una inquietud que empieza a reaccionar a nivel orgánico, el cual afecta el sistema simpático que evita la tensión, generando estrés en la persona" expresó.
Este trabajo de investigación fue elaborado por colaboradores de la Agencia Informativa UDEM, en base a una recopilación de opiniones de expertos en psicología conductual de los jóvenes.
La especialista en adicciones de la institución privada, Minerva Cazares Escalera, señaló que "cuando no tienes señal, se acaba la pila, o por alguna razón se pierde el Blackberry, empieza un síndrome de abstinencia con cierta ansiedad y las personas pueden llegar a desesperarse".
"Así como cualquier sustancia adictiva, el Blackberry crea una dependencia ya que resulta atractivo y causa un placer a quién hace uso de este", añadió.
A su vez, el médico familiar de la UDEM, Anuar Canavati Assaf, advirtió que "el exceso de uso de esta tecnología, además del costo económico, puede ocasionar dolor de cabeza, problemas de visión, artritis, déficit de atención y hasta trastornos de sueño".
El teclado de un Blackberry mide aproximadamente seis por tres centímetros, con 35 botones, por lo que requiere mayor concentración de la vista, sentido que se ve afectado por lo diminuto del tamaño en el que está distribuido cada caracter.
"El adicto siente la necesidad de tener el Blackberry a la mano, observarlo constantemente para revisar los mensajes y estar pendiente de los sonidos que emite el aparato", agregó Canavati Assaf.
Comentó que alguien ve la pantalla del dispositivo para darse cuenta que, hace dos minutos no ha llegado ningún mensaje y si por algún motivo, no lo encuentra, empieza a generar estrés y ansiedad.
El consultor de aplicación de datos de Nextel, Juan Vivanco González, comentó, por su parte, que "la tendencia está muy enfocada a los jóvenes dentro de un rango de 18 a 28 años ya que les atrae el Blackberry Messenger, utilizando también el Internet y otras redes sociales".
De 10 mil aplicaciones que tiene el smartphone, la más utilizada por los jóvenes, en un 77 por ciento es el Blackberry Messenger, siendo la razón de su popularidad, de acuerdo a una encuesta realizada, con un margen de error del cinco por ciento, a 100 estudiantes de la UDEM.
La encuesta que fue aplicada del 15 al 19 de noviembre del 2010, obtuvo como resultado que el 64 por ciento utiliza su teléfono todo el tiempo y únicamente un 21 por ciento podría pasar más de una día sin tenerlo a la mano.
Una persona tiene 53 amigos en los contactos, sólo habla con 26 y, como lo muestra la encuesta, los usuarios del teléfono inteligente suelen conversar con la mitad o menos de sus amigos, resaltando aún más el mal uso que se le da al celular creado como herramienta empresarial.
Es así como la familia Blackberry se posicionó de manera adictiva en los usuarios de teléfonos celulares, para convertirse en el favorito de los jóvenes y adultos, señala la investigación de la Agencia Informativa UDEM.

domingo, 9 de enero de 2011

Un cortometraje leonés. Martes 11 de enero de 2011 a las 18:00 h.



PremierePantalla IMAX, Parque Explora18:00 horas / Entrada gratuita con boletoTRAILER


En una vieja casona de la calle Pedro Moreno en la ciudad de León, Guanajuato, una niña no ha dejado de causar miedo con sus extrañas apariciones. Este es el argumento sobre el que se desarrolla la película-cortometraje titulada La niña, producida por Richard Sheffield y dirigida por Moisés Casasola. La historia arranca con la observación que hace un forense sobre acontecimientos misteriosos que ocurren tras rentar un departamento en una zona antigua de la ciudad, hechos que lo llevan a investigar la presencia de una pequeña niña, así como de un vecino siniestro.


Con una duración aproximada de 35 minutos, esta cinta es una producción cien por ciento leonesa ya que el staff lo integran estudiantes y maestros de la Universidad Iberoamericana, Universidad Tecnológica de León, el Colegio Británico y el Centro Cultural San Gabriel. Obtén tus boletos gratis en: Av. Panorama 1104, Valle del Campestre; Av. Circunvalación 1154, Jardines del Moral y Blvd. Adolfo López Mateos 2301, Jardines del Moral. Mayores informes en http://voletin.com/sistema/link.php?M=136751&N=1197&L=251&F=H.

domingo, 2 de enero de 2011

Los mejores libros del año 2010 ¿Será? Denme su opinión.

Los autores de Los mejores libros de 2010 de Babelia, según 55 críticos y periodistas de la revista literaria y cultural de EL PAÍS son: Coetzee, Yeats, Piglia, Vargas Llosa, Guelbenzu, Talese, Judt, Vila-Matas, Pacheco, Zambrano, Giralt y Lahiri.
Las memorias y autobiografías noveladas son la gran revelación del año. El ensayo y la poesía vuelven a eclipsar el dominio de la novela. Los encuestados citaron más de 250 títulos y entre los veinte primeros la mitad son autores en español.
Claves de la encuesta
Las puntuaciones de los críticos
Los 20 mejores libros elpais.com

1 DE 12

1 J. M. Coetzee
Verano (por Colm Tóibín)
La tercera parte de las memorias del Nobel sudafricano es un excelente ejercicio literario en el cual da un paso más allá en la manera de contar la propia vida y sincronizar géneros. El foco son unos hechos clave que determinaron su destino.




Por géneros

Novelas en español
Ricardo Piglia ‘Blanco nocturno’ (Anagrama).
Mario Vargas Llosa ‘El sueño del celta’ (Alfaguara).
José María Guelbenzu ‘El amor verdadero’ (Siruela).
Enrique Vila-Matas ‘Dublinesca’ (Seix Barral).
Almudena Grandes ‘Inés y la alegría’ (Tusquets).

Novelas traducidas
Jean Echenoz ‘Correr ’ (Anagrama).
Herta Müller ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’ (Siruela).
Vasili Aksiónov ‘Una saga moscovita’ (La otra orilla).
Hans Keilson ‘La muerte del adversario’ (Minúscula).
Pierre Michon ‘Los once’ (Anagrama)

Cuentos
Jhumpa Lahiri ‘Tierra desacostumbrada’ (Salamandra).
Juan Eduardo Zúñiga ‘Brillan monedas oxidadas’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Julio Ramón Ribeyro ‘La palabra del mudo’ (Seix Barral).
Alice Munro ‘Demasiada felicidad’ (Lumen).
Kazuo Ishiguro ‘Nocturnos’ (Anagrama).

Poesía
W. B. Yeats ‘Poesía reunida’ (Pre-Textos).
Jose Emilio Pacheco ‘Tarde o temprano’ (Poemas 1958-2009) (Tusquets).
Blas de Otero ‘Hojas de Madrid. Con la Galerna (1968-1977)’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores)
Juan Antonio González Iglesias ‘Del lado del amor’ (Visor).
Ted Huhges ‘El azor en el páramo’ (Bartleby).

Ensayo
Tony Judt ‘Algo va mal’ (Taurus).
Jacobo Siruela ‘El mundo bajo los párpados’ (Atalanta).
María Zambrano ‘Esencia y hermosura. Antología’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
José Luis Pardo ‘Nunca fue tan hermosa la basura’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Santos Juliá ‘Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX’ (RBA).

Memorias y autobiografías noveladas
J. M. Coetzee ‘Verano’ (Mondadori).
Marcos Giralt torrente ‘Tiempo de vida’ (Anagrama).
Rafael Argullol ‘Visión desde el fondo del mar’ (Acantilado).
Félix de Azúa ‘Autobiografía sin vida’ (Mondadori).
Miklós Bánffy ‘El reino dividido’ (Libros del Asteroide).

Otras perspectivas
Joe Sacco ‘Notas al pie de Gaza’ (Mondadori)
José-Carlos Mainer ‘Historia de la literatura española. Modernidad y nacionalismo (1900-1939) Vol. 6’ (Crítica).
Martin y Borja de Riquer ‘Reportajes de la historia’ (Acantilado).
Geoffrey Parker ‘Felipe II’ (Planeta).
Anna Caballé ‘Carmen Laforet. Una mujer en fuga’ (RBA).

Autores a descubrir
Miguel Syjuco ‘Ilustrado’ (Tusquets).
Marek Bienczyk ‘Tworki (El manicomio)’ (Acantilado).
Wells Tower ‘Todo arrasado, todo quemado’ (Seix Barral).
György Dragoman ‘El Rey blanco’ (RBA).
Sibylle Lewitscharoff ‘Apostoloff’ (Adriana Hidalgo).