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viernes, 28 de octubre de 2011

El role de libros

Edith Wharton en su ensayo El vicio de la lectura establece: “No hay vicios más difíciles de erradicar que aquellos que popularmente se consideran como virtudes”. Aquí uno de ellos: “El que presta un libro es un pendejo, pero el que lo regresa también”.
Es evidente que en esta máxima popular mexicana, la virtud o mejor dicho el vicio disfrazado de virtud consiste en no prestar libros, pero si se llegará a incurrir en el role de estos, el tonto sería quien lo devolviera.
Por lo anterior, lo que me propondré en la siguiente reflexión es echar por tierra ese dicho popular de los mexicanos, y acentuar que el role de libros es un pro al intercambio de conocimientos.
No es extraño que el préstamo de libros implique cierto recelo entre la sociedad mexicana. Y no es extraño si observamos las estadísticas que se tienen sobre la lectura promedio que realiza anualmente un mexicano (el mexicano promedio lee, según los últimos datos de la Encuesta nacional de lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, entre 1.5 y 2 libros al año). ¿Para qué prestar un libro que no se leerá?
Es vergonzoso este dato si nos comparamos con los checos (cada ciudadano checo compra tres libros al mes como mínimo, y cada familia tiene su propia biblioteca) que según datos de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, a nivel mundial estos ocupan el segundo lugar de la escala de lectura, aventajados sólo por los neozelandeses.
Como podemos vislumbrar, mientras que en Checoslovaquia y Nueva Zelanda el hábito de la lectura es una cotidianidad más. En México se le trata de obliterar por donde quiera que gana auge. Al ciudadano mexicano no le basta con no leer, sino que quiere bloquear la lectura.
Pienso que por eso se crean máximas populares en contra de ella y de la circulación de libros. Es una realidad que en nuestro país, o mejor dicho en las provincias de nuestro territorio mexicano hay escasez de bibliotecas públicas nutridas. Sucede la mayoría de las veces que un buen lector se tiene que trasladar a otro lugar diferente de su ciudad para la adquisición de títulos y autores.
Las librerías municipales sólo poseen libros de texto y pocos clásicos ya leídos por un buen lector. Pero así también podríamos criticar la escasez de libros de poesía, filosofía, dramaturgia, ensayos literarios o bien de ciencias.
Es necesario que cambiemos de mentalidad con respecto a la lectura y la forma de actuar en relación con ella. Es por demás superfluo enumerar los beneficios que trae aparejada la lectura constante en la persona mentalidad abierta, conciencia crítica y autocrítica, perspectiva amplia y respeto al pensamiento ajeno, por mencionar sólo algunos.
Por lo que a mi respecta, considero como obligación, vivir cuestionando los moldes establecidos, medir el poderío de cada principio, acción o costumbre. Vivir despierto es liberarse de las pesadillas que se realizan por herencia o tradición. Los ojos penetrantes permiten desenmascarar al vicio disfrazado de virtud.
El préstamo de libros, antes de degenerarse constituía una virtud. Por ejemplo, en la tradiciones antiguas, mucho antes de la invención de la imprenta, los conocimientos se trasmitían oralmente y como obligación máxime.
Por lo tanto no es posible ni benigno para la sociedad mexicana, el que existan máximas donde se impide prestar los libros y más, personas que sigan esas recomendaciones. Es inaceptable que existan personas que no permitan otros acercarse a sus bibliotecas para realizar una investigación, o prestar libros para la divulgación del conocimiento. No podemos regresar a las épocas donde se vedaba el conocimiento, o ¿cómo se le puede llamar a este acto de egoísmo?
El conocimiento no es, o no debe ser para un particular. No debería de haber bibliotecas particulares, y las que hay debieran permitir a la colectividad su uso. Nuestro municipio, Estado o país, se beneficiaría por esta aportación particular.
Además con lo costoso de los libros en este momento histórico, el rol de estos sería una buena opción.
Por supuesto que el préstamo implica responsabilidad, cuidado del libro y la acción altamente moral de regresarlo.
Sería interesante que se crearan bibliotecas particulares en cada municipio, donde se pudiera acceder al conocimiento y por supuesto al préstamo de libros. Es más, toda biblioteca particular de escuela, empresa o institución debería permitir el paso.
Por lo demás, el role de libros antes de ser una estupidez es un pro al intercambio de conocimientos.

sábado, 22 de octubre de 2011

El pecado de la gula en México



“La abundancia de alimentos entorpece la inteligencia”
Séneca


El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha alertado que de continuar los malos hábitos alimenticios y sedentarios en el país, en 10 años 90% de los mexicanos padecerá sobrepeso u obesidad.
Según la tradición judeocristiana, la gula es uno de los pecados capitales. La gula puede entenderse como el ansia inmoderada de comer o de beber en demasía. La gula tanto como la anorexia, son los polos opuestos que cohabitan en ésta nuestra vida contemporánea.
Por un lado podemos encontrar en Monterrey a Manuel Uribe, uno de los mexicanos que se hizo famoso por su sobrepeso, y por el otro lado, el caso de las modelos de pasarela que han muerto por dejar de comer.
La gula, dicen los filósofos, se transforma en mal, cuando ofende el derecho y las expectativas del otro al comer. Como podemos vislumbrar, mientras que en algunos países se llenan de gordos como es el caso del nuestro, en otros se mueren de hambre como ha pasado y sigue pasando en África.
En la antigüedad los romanos llamaban “cura sui”, al cuidado de uno mismo. Profería un dicho popular: “No coma usted más de lo que le conviene o aquello que pueda sentarle mal”. Decía que la gula, vista como pecado es el hecho de convertir el comer en algo totalmente desligado del hambre de tantos otros.
Actualmente se le está viendo a México como un país de obesos, es decir, de seres pasivos y rumiantes, por un lado, y de oligarcas insaciables, por el otro. La gula es una acción egoísta: comer más y no pensar en los que se quedan sin comer.
Los restaurantes de bufet son toda una corona de nuestra época. Hay que decirlo, estamos viviendo en el momento histórico de los excesos.
El gran pensador Epicuro decía que el placer es satisfacer de una manera adecuada la necesidad que sientes. Calmar la desazón que sientes por el hambre, el frio o el deseo sexual.
¿Quién no, después de haber visitado un restaurante de “coma todo lo que pueda por el mismo precio”, ha sentido un terrible malestar al poco rato, tanto físico como moral? Los vicios son costumbres que envilecen al contrario de las virtudes. Si desde que la persona humana es infante lo acostumbráramos a la comida moderada, el niño se formaría una costumbre de virtud, pero si desde niños les aplaudimos que se atraganten les estaremos inculcando el vicio de la gula.
Sólo hay que buscar las estadísticas para percatarnos de que somos el primer lugar a nivel mundial en obesidad infantil. La especialista del Centro Médico Nacional Siglo XXI, Eulalia Piedad Garrido Magaña, señaló que en México más de cuatro millones de niños tienen algún grado de obesidad, padecimiento que también sufren 25 de cada 100 jóvenes entre 16 y 18 años.
Esta situación ha provocado que niños y adolescentes tengan enfermedades propias de los adultos, como la diabetes tipo II, colesterol y grasas en la sangre, hipertensión arterial y trastornos cardiovasculares, por lo que el IMSS impulsa acciones de prevención desde el nacimiento y durante todo el ciclo de vida.
Los especialistas indicaron que tres cuartas partes de la población de entre 20 y 65 años tienen exceso de peso y mencionaron que hace 20 años en México era difícil encontrar personas obesas, sobre todo porque se tenía una alimentación más sana y mayor actividad social.
Echevarría Zuno insistió en la necesidad de cambiar la cultura alimenticia y de actividad física, para evitar el aumento de este problema considerado como la pandemia del siglo XXI, porque además de los problemas de salud físicos en el caso de los niños también los están afectando psicológicamente.
La comida es la forma en que el ser humano acepta su naturaleza humana, sin comida el hombre podría morir, pero también si come demasiado. Todos sabemos que la obesidad grotesca es una de la vía más alta para obtener la muerte.
La gula como forma de decadencia humana siempre ha acompañado a la humanidad, basta con recordar los vomitorios romanos a donde se iba a desechar todo lo que se había ingerido para vaciar el estomago y continuar seguir comiendo.
El desperdicio es el derroche que se queda sin utilidad pudiendo servir. La gula tanto como el desperdicio, en nuestro país constituye uno de los siete pecados capitales, pero más que eso, en un lugar como México, donde muchos a veces no tienen que comer, es un alta ofensa a la dignidad del otro.
Ahora que nuestro país está en segundo lugar después de E.U.A en problemas de obesidad, es una cuestión máxime replantearnos el problema de la gordura en este nuestro lugar en donde nos toco vivir.

lunes, 17 de octubre de 2011

La hipermodernidad según Gilles Lipovetsky




Lipovetsky analiza una sociedad posmoderna marcada, según él, por una separación de la esfera pública, y a la vez una pérdida del sentido de las grandes instituciones colectivas (sociales y políticas) y una cultura abierta con base en una regulación “cool” de las relaciones humanas (tolerancia, hedonismo, personalización de los procesos de socialización, educación permisiva, liberación sexual, humor).
Esta visión de la sociedad plantea un neo-individualismo de tipo narcisista y, más aún, aquello que Lipovetsky llama la segunda revolución individualista. Toda la obra de Lipovetsky gira en torno a la evolución y desarrollo del individualismo actual. Estos análisis se centran en la creación de una nueva categoría de pensamiento: la de hipermodernidad. La hipermodernidad vendrá acompañada de un hiperindividualismo y ambos se enfrentarán con la ambigua concepción de la postmodernidad. La postmodernidad ya no sirve para definir el momento actual de las sociedades liberales. Estamos en un momento histórico donde no existen sistemas alternativos al presente y donde el mercado ha impuesto su ley. Es el momento de la hiper-modernidad sin oposición alguna, sin normativa o regulación y que tiene el estatus de global. Con este término, Lipovetsky presenta un mundo caracterizado por la invasión de las nuevas tecnologías y la modificación del concepto de cultura.

Vivimos en una sociedad donde el papel de la imagen se ha convertido en un ícono, rodeados de una pantalla global(ordenadores, teléfonos móviles y televisores), una pantalla que ha roto el discurso narrativo continuado a favor de lo plural e híbrido, sin forma definida y con total heterogeneidad. Se ha redefinido el concepto de cultura poniendo el acento en la formación de la misma a través del capitalismo, del imperio del hiperindividualismo y de la tecnociencia. A lo largo de sus análisis Lipovetsky, presenta un concepto de cultura del siglo XXI caracterizado por la cotidianidad en el acceso a las redes informáticas y sociales de modo inmediato, por el hiperconsumo en busca de la novedad (neofilia), por los medios de comunicación a la carta y un tecnocapitalismo global. El clásico concepto de cultura, que diferenciaba entre la popular y la ilustrada, se ha desvanecido entre las redes y las nuevas tecnologías, y los campos de conocimiento empiezan a entremezclarse. La cultura es inseparable de la industria comercial y abarca todos los rincones del planeta, tiene aspiraciones concretas planetarias, independientemente del nivel económico. En la concepción del nuevo individualismo (hiper-individualismo) el pensador francés pone el acento en una de las características más importantes del tiempo hipermodeno: lo paradójico. El desarrollo de una cultura PSY (incremento del factor "psicológico"), el acceso democrático al lujo, y el hiper-consumo han provocado grandes desequilibrios internos en la relación del individuo consigo mismo. La línea de sus últimas publicaciones se encuentra muy ligada al análisis de los principales factores que organizan y mueven a la sociedad del momento. La economía ocupa uno de los papeles relevantes que mejor condicionan a la sociedad en la que vivimos. Existe un nuevo concepto de cultura, la cultura-mundo, que dista mucho del tradicional enfoque que otrora puso en marcha la Ilustración con la asociación de este término a los conocimientos humanísticos. La cultura-mundo actual significa el fin de la heterogeneidad tradicional de la esfera cultural y la llegada de la universalización de la cultura comercial, conquistando las esferas de la vida social, los estilos de vida y casi todas las esferas de las actividades humanas. En esta nueva cultura encontramos nuevos problemas con repercusiones globales tales como la ecología, la inmigración, la crisis económica, el terrorismo,… pero al mismo tiempo también tenemos crisis existenciales; de este modo Lipovetsky argumenta que el mundo se ha vuelto cultura y que a su vez, la cultura se ha vuelto mundo.

viernes, 7 de octubre de 2011

Filosofar sirve para aprender a morir






Quien ha aprendido a morir ha
desaprendido a ser esclavo.
Montaigne



El miedo a la muerte ha sido una constante en toda la historia de la humanidad. El terror a desaparecer, a dejar de existir ha llevado al hombre a las reflexiones más agudas. ¿Qué hay del otro lado? ¿Existe acaso el otro lado?
El miedo a la muerte también ha empujado al ser humano a creer en las formas mágicas de salvación, en las promesas de inmortalidad que ofrecen ciertas religiones tradicionales, y en sectas como el Nwe Age y otras más.
¿Qué es lo que buscamos?, a parte de la negada inmortalidad, acaso un consuelo, una racionalización a dejar de existir, o bien una respuesta verdadera de qué es el mas allá. ¿Cómo saber que los ofrecimientos de las diferentes religiones y doctrinas son verdaderos, a través de que pruebas pueden demostrarnos sus afirmaciones? No hay pruebas, todos los argumentos de estas, dependen de la fe.
Dijo Cicerón en la antigua Roma: “Filosofar es aprender a morir”. ¿Se puede aprender a morir? No lo sé de cierto, pero este aprendizaje es lo que han intentado los filósofos desde los tiempos de la antigua Grecia. Ya Sócrates había reflexionado sobre la muerte diciendo que esta, tenía dos posibilidades:

O bien es aniquilación, y los muertos no tienen conciencia ni nada; o bien, según nos dicen, es realmente un cambio: una migración del alma desde este lugar hacia otro.

Para Sócrates independientemente de que sea una de estas dos posibilidades, la muerte no era algo a lo cual se le tenía que tener miedo. Si era aniquilación, entonces era un largo descanso sin sueños, y, ¿hay algo más agradable que eso? Si era un transito hacia otro sitio, es decir, hacia el Hades, entonces también era algo deseable, puesto que allí encontraríamos a viejos amigos y a los héroes griegos, y podríamos conversar con Homero, Hesiodo y el resto de la inmortal compañía.
El mismo filósofo griego Sócrates, después de haber sido condenado a muerte concluye con estas palabras:
Ahora es el momento de que nos marchemos, yo a morir y vosotros a vivir; pero quien de nosotros tiene un destino más feliz, es algo que sólo Dios sabe.
Como podemos observar desde los antiguos filósofos hasta hoy, estos hombres han intentando hacer con la filosofía, una enseñanza para la muerte.
La muerte es un misterio, pero quizá no sea algo malo después de todo. Los seres humanos le tenemos miedo a lo desconocido y es ahí precisamente donde radica nuestro temor. Por tal motivo el filósofo este hombre que se dedica a usar su razón para entender su propia humanidad y el mundo en que habita con otros hombres sea quien halla entendido que la mejor arma que tenemos para enfrentar nuestro miedo a la muerte, a ese sentimiento trágico de la vida como bien lo dijo Miguel de Unamuno, no sea sino reflexionando sobre ella.
Todo vivir es un estar muriendo. Quizá lo que enseña la filosofía es saber enfrentar nuestra propia muerte.
Ya el filósofo apátrida Cioran, se pregunta sobre ella diciendo: “¿Superará el hombre algún día el golpe mortal que le ha dado la vida?”.
La pregunta por la muerte no es una pregunta filosófica, es una pregunta humana. Toda persona en algún momento se ha hecho esta pregunta ¿Por qué morimos? Vivir y morir son las dos caras de la moneda del ser humano.
Otro filósofo alemán llamado Martin Heidegger, consideraba que la muerte le daba sentido a la vida. El pensaba que en la medida que sabiéndonos mortales, a cada momento nos entregaríamos a vivir nuestra vida auténticamente. Sabiéndonos que pronto moriríamos nos dedicaríamos a profundizar sobre nuestra vida.
Filosofar sirve para aprender a morir. En medio de incertidumbres acerca del más allá y si este en verdad existe, lo único que nos queda es meditar sobre lo que si podemos saber, que es este mas acá. La muerte enfrentada desde siempre, y como parte de toda una reflexión inherente a la experiencia humana, nos ayudaría a dejar de tenerle miedo.
En su libro Preparación para la muerte, Erasmo consideraba que lo importante es la conciencia. No hay que preocuparse de la muerte imprevista por asaltos, huracanes, terremotos, enfermedades, accidentes. Para los no preparados, toda muerte es imprevista, aunque llegue a los cien años. Lo importante del aprendizaje del morir es liberarnos de los grilletes de la esclavitud, del miedo a la muerte.
Si todos moriremos, aprendamos a caminar en la vida de la mano de la muerte, y solo así, como quería Montaigne, seremos más libres.
Sin duda filosofar sirve para aprender a morir.