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sábado, 25 de febrero de 2012

Los maestros de la sospecha de Ricoeur





Escuela de la sospecha es una famosa expresión del filosofo Paul Ricœur. Apareció por primera vez en su libro Freud: una interpretación de la cultura. Ricœur dijo que "La dominan [la escuela de la sospecha] tres maestros que aparentemente se excluyen entre sí: Marx, Nietzsche y Freud."

Para Ricœur, Karl Marx, Sigmund Freud y Friedrich Nietzsche son los tres maestros de la sospecha, así como fundadores de discurso, según la expresión de Paul Ricoeur que, aunque derivada de una compleja hermenéutica, ha pasado a popularizarse de tal manera desde su publicación en 1970, que es uno de los tópicos culturales de finales del siglo XX, utilizándose desde la filosofía hasta la crítica de cine.

En ese uso simplificado, se relaciona a los tres pensadores del siglo XIX con la crítica al racionalismo dominante en el pensamiento y en general a toda la civilización occidental (sobre todo tras la Ilustración); por cuanto ven la razón como una simple justificación de pulsiones más profundas: el materialismo económico (Marx), la voluntad de poder (Nietzsche) o el inconsciente dinámico, expresado en el deseo sexual, la frustración y la agresividad (Freud).

Los tres coinciden en un ateísmo que niega la existencia de Dios por razones más morales que lógicas: no por el problema de la demostración (agnosticismo o negación de la posibilidad de su conocimiento), sino por la convicción de que la creencia en Dios es, más allá de su verdad o falsedad, la adopción o generación de una religiosidad que encubre frustradas y contradictorias motivaciones inconscientes del propio creyente: sexuales (Freud), sociales (Marx) o de poder (Nietzsche), cuya revelación se teme y que perjudican al creyente mientras no sean confrontadas.[cita requerida]

También se suelen utilizar los términos pensadores de la sospecha o filósofos de la sospecha.

Afirma Ricoeur que Descartes puso en duda que las cosas fuesen tal y como aparecen, pero no dudó de que la conciencia fuese tal y como se aparece a sí misma. Por el contrario, los tres maestros de la sospecha: Marx, Freud y Nietzsche, aunque desde diferentes presupuestos, consideraron que la conciencia en su conjunto es una conciencia falsa. Así, según Marx, la conciencia se falsea o se enmascara por intereses económicos, en Freud por la represión del inconsciente y en Nietzsche por el resentimiento del débil. Sin embargo, lo que hay que destacar de estos maestros no es ese aspecto destructivo de las ilusiones éticas, políticas o de las percepciones de la conciencia, sino una forma de interpretar el sentido. Lo que quiere Marx es alcanzar la liberación por una praxis que haya desenmascarado a la ideología burguesa. Nietzsche pretende la restauración de la fuerza del hombre por la superación del resentimiento y de la compasión. Freud busca una curación por la conciencia y la aceptación del principio de realidad. Los tres tienen en común la denuncia de las ilusiones y de la falsa percepción de la realidad, pero también la búsqueda de una utopía. Los tres realizan una labor arqueológica de búsqueda de los principios ocultos de la actividad consciente, si bien, simultáneamente, construyen una teleología, un reino de fines. Ricoeur, como ellos, acepta el lado ascético de la reflexión, su papel de aguafiestas ante determinadas percepciones de la realidad. Pero tras el necesario purgatorio de la crítica marxista, freudiana y nietzscheana, viene la recuperación del sentido, el restablecimiento de una ingenuidad purificada y fuerte.

sábado, 18 de febrero de 2012

Primero Sueño de Sor Juana

El “Primero sueño” es el poema más importante, según la crítica, de Sor Juana Inés de la Cruz. De acuerdo al testimonio de la poetisa, fue la única obra que escribió por gusto. Fue publicado en 1692, como parte del tomo primero de las obras completas de la monja. Apareció editado con el título de “Primero sueño”. Como la titulación no es obra de Sor Juana, buena parte de la crítica duda de la autenticidad del acierto del mismo. En la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz Sor Juana se refirió únicamente al Sueño. Como quiera que sea, y como la misma poetisa afirmaba, el título de la obra es un homenaje a Luis de Góngora y Argote y a sus dos Soledades. Es el más largo de los poemas sorjuaninos —975 versos— y su tema es sencillo, aunque presentado con gran complejidad. Se trata de un tema recurrente en la obra de Sor Juana: el potencial intelectual del ser humano. Para transformar en poesía dicha temática acude a dos recursos literarios: el alma abandona el cuerpo, a lo que otorga un marco onírico. Las fuentes literarias del “Primero sueño” son diversas: el Somnium Scipionis, de Cicerón; Hercules furens, de Séneca; el poema de Francisco de Trillo y Figueroa, Pintura de la noche desde un crepúsculo a otro; el Itinerario hacia Dios, de San Buenaventura y varias obras herméticas de Atanasio Kircher. El poema comienza con el anochecer del ser humano y el sueño de la naturaleza y del hombre. Luego se describen las funciones fisiológicas del ser humano y el fracaso del alma al intentar una intuición universal. Ante el fracaso, el alma recurre al método deductivo y alude excesivamente al conocimiento que posee la humanidad. Se mantiene el ansia de conocimiento, aunque se reconoce la escasa capacidad humana para comprender la creación. La parte final relata el despertar de los sentidos y el triunfo del Día sobre la Noche.
El “Primero sueño”, según Octavio Paz, es un poema único en la poesía del Siglo de Oro, puesto que hermana poesía y pensamiento en sus expresiones más complejas, sutiles y filosóficas, algo no frecuente en su tiempo. Se alimenta de la mejor tradición mística y contemplativa para decir al lector que el hombre, pese a sus muchas limitaciones, tiene en sí la chispa (la “centella”, según Sor Juana) del intelecto, que participa de la divinidad.
Esta tradición del pensamiento cristiano (la Patrística, el Pseudo Dionisio Areopagita, Nicolás de Cusa, etc.) considera la noche como el espacio idóneo para el acercamiento del alma con la divinidad. Las aves nocturnas, como atributos de la diosa Minerva, asociada con la luna triforme (por sus tres rostros visibles) y símbolo de la sabiduría circunspecta, simbolizan la sabiduría como atributo de la noche (In nocte consilium), uno de los temas más caros al pensamiento humanista, presente en Erasmo de Rotterdam y en todo un conjunto de exponentes de esta idea en el Renacimiento y el Barroco. Es por ello que las aves nocturnas son los símbolos que presiden lo que será el sueño del alma en busca del conocimiento del mundo creado por la divinidad. Esto explica que la noche aparezca en el poema de Sor Juana como sinónimo de Harpócrates, el dios del silencio prudente, quien, como aspecto de la noche, acompaña tácitamente la trayectoria del sueño del alma hasta el final. La noche, por tanto, es una aliada y no una enemiga, pues es el espacio que dará lugar a la revelación del sueño del alma. Las figuras del venado (Acteón) el león y el águila aparecen, primero, como los animales diurnos que se contraponen a las aves nocturnas para representar el acto del dormir vigilante. Es decir, representan la idea que le interesa a Sor Juana destacar: el descanso no debe ausentarse por entero de la conciencia intelectual, sino ser un sueño vigilante y atento a las revelaciones de la sabiduría divina. Estos animales diurnos simbolizan también los tres sentidos exteriores más importantes: la vista, el oído y el olfato, que permanecen inactivos durante el sueño. Así se enlazan en el poema armónicamente las aves nocturnas en su sabia vigilia, los animales diurnos en su sueño vigilante, y el ser humano, cuyo cuerpo (miembros corporales y sentidos exteriores) duerme físicamente mientras su alma, consciente, es liberada temporalmente para lanzarse a la aventura del conocimiento, el cual se da por dos vías: la intuitiva y la racional.

domingo, 12 de febrero de 2012

El filósofo Gianni Vattimo y la filosofía para el siglo XXI




El pensamiento débil es un concepto acuñado por Gianni Vattimo confluyente con el movimiento intelectual más genérico de la postmodernidad y también el más influyente en las décadas de 1980 y 1990. Su perspectiva es en cierto modo “relativista”, y valora especialmente la multiculturalidad. El pensamiento débil comparte algunos rasgos con la deconstrucción (Jacques Derrida), en cuanto a la libertad de interpretación no sujeta a una lógica muy cerrada. También está presente en la crisis de las ideologías de finales del siglo XX, considerándose a veces como elemento intelectual del eclecticismo político de la llamada tercera vía (Anthony Giddens).
Definición del pensamiento débil
Según el propio Vattimo, el pensamiento débil se definiría: "Frente a una lógica férrea y unívoca, necesidad de dar libre curso a la interpretación; frente a una política monolítica y vertical del partido, necesidad de apoyar a los movimientos sociales trasversales; frente a la soberbia de la vanguardia artística, recuperación de un arte popular y plural; frente a una Europa etnocéntrica, una visión mundial de las culturas".
El fin de la modernidad
Desde el fracaso absoluto de las ideologías más relevantes en la historia de las sociedades, que en el siglo pasado se evidenció más que nunca, se ha querido encontrar la causa de la ineficiencia de tales sistemas de pensamiento. Mentes agudas y lúcidas se afanaron en tal menester, y en general, se advirtió que una voluntad de modernidad voraz, que fundamentaba la mayoría de estos paradigmas motivada siempre en rompimientos revolucionarios, en aras de una idea de progreso total era el que descomponía cualquier posibilidad de satisfacción, con referencia a la obtención del máximo bienestar de vida para los seres humanos. Los devastadores conflictos bélicos y los holocaustos terribles del siglo XX, han sido más que elocuentes en el sentido de que tal vereda de civilización no es la más conveniente, en lo absoluto. De acuerdo a lo anterior y tomando como punto de partida una lectura inédita y valiente de los filósofos que anunciaron el fin de la metafísica, Nietzsche y Heidegger, el italiano Gianni Vattimo discípulo del gran Hans-George Gadamer, se encargo por su propia cuenta de concebir una alternativa de teorización en donde: de acuerdo a la referencia de Nietzsche acerca del ámbito de la decadencia de Occidente, en virtud de su agotamiento intelectual; y tratando de paliar y recomponer el olvido del ser que ha acontecido en los discursos filosóficos imperantes hasta nuestra actualidad como lo ha manejado Heidegger; Vattimo estructura un discurso “débil” que no trata de revolucionar, ni de imponer absolutamente nada; si no más bien, de abrirse por completo a un ininterrumpido diálogo hermenéutico con todas las disciplinas, las ideologías y las ciencias, para permear al ser comunicacional que nos corresponde, con una diversidad integral que ofrezca plenitud y libertad de ser sin límites.
Ética e interpretación
Gianni Vattimo no renuncia así, a la utilización de los términos y la estructura de los discursos metafísicos obsoletos, puesto que probablemente sean los únicos posibles para nosotros. Y sin embargo evadiéndoles toda rotundidad, dimensionándolos en un ámbito dialogal permanente de sano relativismo, Vattimo logra sortear todo peligro nihilista, para acceder y recuperar pero ahora con un positivo talante crítico posmoderno discursos que se tenían ya por perdidos, como por ejemplo el de la creencia religiosa. De tal suerte que el pensamiento débil es una propuesta que integra en su composición el cuidado, la voluntad ética del reconocimiento y el respeto tolerante de las demás perspectivas humanas, y sin renunciar a mirar hacia lo trascendente; pero ya no vociferando dogmas nunca más, sino mejor asumiendo el valor de escuchar e interpretar el milagroso silencio del mundo, en todas las voces.

sábado, 4 de febrero de 2012

La semiótica o bien semiología




La semiótica se define como el estudio de los signos, su estructura y la relación entre el significante y el concepto de significado. Los alcances de la semiótica, de la misma manera que su relación con otras ciencias y ramas del conocimiento.
Ferdinand de Saussure la concibió como “la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social”. Actualmente, no hay consenso, ni autor que se atribuya o tome la iniciativa de plasmarla en algún manual. Se propone que la semiótica sea el continente de todos los estudios derivados del análisis de los signos, sean estos lingüísticos (semántica) o semióticos (humanos y de la naturaleza). Existen muy pocas clases de signos, como el signo lingüístico o el signo clínico, cuyas descripciones se pueden consultar en el artículo correspondiente, o a través del signo.
Semiología es un término usualmente intercambiable con el de semiótica, éste último preferido por los anglosajones; el primero, por los europeos continentales y por los latinoamericanos. De hecho, Charles Sanders Peirce fue, al parecer, el primero en usar el término semiotic, aunque fue otro estadounidense -Charles William Morris- quien realizó el primer proyecto completo para una semiótica.
Según otro punto de vista, el de Charles Sanders Peirce, la semiótica es la que debería incluir a las demás ciencias que tratan de los signos en determinados campos de uso o del conocimiento.
Este pensamiento es coherente con el hecho de que la semiótica se plantea como la ciencia básica del funcionamiento del pensamiento, intentando responder la interrogante de cómo el ser humano conoce el mundo que lo rodea, cómo lo interpreta y cómo construye y crea conocimiento y lo transmite. Por esto, la semiótica ha llegado a ser planteada como la ciencia de las ciencias rivalizando con la epistemología.
En lingüística se utiliza más la palabra semántica, porque la semántica es una ciencia que estudia los significados de los signos pero sólo en comunicaciones escritas (y humanas), la semiótica estudia la comunicación escrita y oral en general (y la semiótica también todos los signos -incluyendo los que usan los animales en sus expresiones).
En términos generales la semiótica debe entenderse como la relación fundamental entre el sujeto que conoce y el objeto conocido, y tiende a precisar las condiciones de producción de sentido. Además de las exigencias del método que ayuda a formular esas hipótesis en una serie de axiomas como estructuras elementales de la comunicación.