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viernes, 26 de octubre de 2012
viernes, 19 de octubre de 2012
El dilema de Blaise Pascal acerca de la creencia en Dios
Sin
duda la literatura clásica francesa no sería total sin la obra: “Pensamientos
(Pensamientos sobre la verdad de la religión cristiana)” del filósofo y
matemático Blaise Pascal, que fue publicada póstumamente por la familia del
pensador. La prosa de Pascal de estilo directo, racional, seco y aun así
elegante, son una de las aportaciones a la discusión del tema de Dios y la
creencia en él. Cabe mencionar que el pensador francés también estuvo
íntimamente ligando a las ciencias exactas y por supuesto a las matemáticas.
Sus experimentos se anticiparon a la creación del Barómetro (Instrumento
que sirve para determinar la presión atmosférica) y la
máquina de cálculo. Fue Blaise Pascal, un apologista de la religión cristiana y
es precisamente con su obra: “Pensamientos” donde se dedica a reflexionar sobre
el tema de Dios. La apuesta
de Pascal es un argumento
creado en una discusión sobre la creencia
en la existencia
de Dios,
basado en el supuesto de que la existencia de Dios es una cuestión de azar. El
argumento plantea que, aunque no se conoce de modo seguro si Dios existe, lo
racional es apostar que sí existe. "La razón es que, aún cuando la probabilidad
de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería
compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria
eterna."[ ]Básicamente, el argumento plantea cuatro
escenarios: 1.-
Puedes creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo. 2.- Puedes creer en
Dios; si no existe, entonces no ganarás nada. 3.- Puedes no creer en Dios; si
no existe, entonces tampoco ganarás nada. 4.- Puedes no creer en Dios; si
existe, entonces no irás al cielo. Como podemos observar este argumento sobre
la creencia o no en Dios, está íntimamente ligando con la teoría de la
probabilidad que fue el mismo Pascal, quien sentó las bases para esta rama de
las matemáticas. Desde entonces y hasta hora el dilema pascaliano de creer o no
en Dios es solamente una apuesta.
Breve
Biografía
Blaise Pascal (Clermont-Ferrand, Auvernia, Francia, 19 de junio de 1623 - París, 19 de agosto de 1662) fue un matemático, físico, filósofo y teólogo francés, considerado el padre de las computadoras junto con Charles Babbage. Fue un niño prodigio, educado por su padre, un juez
local.
Sus
primeros trabajos abarcan las ciencias
naturales y aplicadas, donde realizó importantes contribuciones para la
invención y construcción de calculadoras mecánicas, estudios de la teoría matemática de probabilidad, investigaciones sobre los fluidos y la aclaración de
conceptos tales como la presión y el vacío, generalizando la obra de Evangelista
Torricelli. También escribió en
defensa del método
científico. Pascal fue un
matemático de primer orden. Ayudó a crear dos grandes áreas de investigación,
escribió importantes tratados sobre geometría
proyectiva a los dieciséis años, y
más tarde cruzó correspondencia con Pierre de Fermat sobre teoría
de la probabilidad, influenciando
fuertemente el desarrollo de las modernas ciencias económicas y sociales. Siguiendo con el trabajo de Galileo y de Torricelli, en 1646 refutó las teorías aristotélicas que insistían en que la naturaleza aborrece el vacío, y
sus resultados causaron grandes discusiones antes de ser generalmente
aceptados. En 1646 su familia se convirtió al jansenismo, y su padre murió en 1651. Sin embargo, tras una
profunda experiencia religiosa en el año 1654, Pascal sufrió una
"segunda conversión". Abandonó las matemáticas y la física para
dedicarse a la filosofía y a la teología, publicando en este periodo sus dos obras más conocidas:
Las Lettres provinciales (Cartas
provinciales) y Pensées (Pensamientos).
Ese año también escribió un importante tratado sobre el triángulo aritmético.
Entre 1658 y 1659 escribió sobre la cicloide y su uso en el cálculo del volumen de los sólidos. Pascal
tuvo una salud muy endeble a lo largo de toda su vida, y su muerte acaeció dos
meses después de haber cumplido 39 años.
viernes, 12 de octubre de 2012
El aforismo y Lichtenberg
No hay ensayo más
breve que un aforismo.
Gabriel Zaid
En gustos literarios cada lector
tiene su ideal. La perfección estilística se ha logrado con obras monumentales
como con obras breves. Hay quienes prefieren las descripciones cuidadosas de
Marcel Proust, o la brevedad del mexicano Juan José Arreola.
En
literatura pueden existir árboles frondosos como La guerra y la Paz
de Tolstoi, así como también bonsáis como El
llano en llamas de Juan Rulfo.
La
brevedad en la literatura es una de sus cualidades máximas. Lograr la perfección
de la página es una de las características que han buscado los literatos de
todas las épocas. Pero ¿qué es el aforismo? Literatura o filosofía. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) lo define
como: Sentencia
breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte. Del lat. aphorismus, y este del gr. ἀφορισμός. Aun así,
el aforismo aunque tiene descendencia de la reflexión su gen que predomina es el literario.
No basta con ser un pensamiento profundo, tiene que estar vestido con una
forma bella. El aforismo es mitad filosofía, mitad literatura. Frases bellas
que contienen reflexiones profundas. El aforismo no deviene de la verdad científica
sino de la sabiduría que da la vida misma al hombre atento. El aforismo es el
primo lejano del refrán. Mientras que el refrán puede ser burlón, el aforismo
es irónico, mientras que el refrán es popular, el aforismo tiende a la alta
cultura.
Quizá uno de los grandes iniciadores del aforismo ¾que no el mejor¾ halla
sido el alemán George Christoph Lichtenberg. Lichtenberg como mejor se le
conoce nació en 1742, en una aldea descalza de Alemania. Se intereso por las matemáticas
y la física, y dedico sus horas muertas al estudio de la astronomía. Cuando
visito Londres se familiarizo con Shakespeare y el sistema parlamentario. En
1755 sus colegas lo nombraron profesor de la Universidad de
Gotinga. Mientras editaba y escribía el Almanaque
de Gotinga, a la par iba llenando cuadernos donde consignaba reflexiones,
ideas truncas y sueltas, frases de tamaño pequeño, que intentaban concentrar
una gama dispersa de intereses.
Esos fragmentos
literarios llamados aforismos salieron a la luz una vez que Lichtenberg falleció.
Aquí una breve selección de los
aforismo de George Christoph Lichtenberg que no fue hasta 1971 que se conoció
su obra completa de todos sus cuadernos:
YA no se queman brujas, pero siempre es posible quemar una carta que dice
alguna verdad incómoda.
PARA esa dama la virtud parece consistir en arrepentirse de los errores,
más que en evitarlos.
LAS teorías de ciertos innovadores todavía no se oponen a la realidad,
pero es de temer que llegará el día en que la realidad se opondrá a ellas.
UN exceso de lectura provoca efectos malignos: desgasta el sentido de las
palabras, de modo que los pensamientos expresados comienzan a volverse dudosos,
como si la expresión le quedara a la idea como una prenda holgada.
SÓLO
poseía una cosa viril, pero la decencia no le
permitía mostrarla.
UN libro es una especie de espejo; cuando un mono se mira en él, no
contempla la imagen de un apóstol.
DESPUÉS de sostener una Guerra de Treinta Años consigo mismo, al fin logró
concertar un armisticio. Pero el tiempo estaba perdido.
UNA de las hermanas tomó los hábitos y la otra la bragueta.
ERRAR es humano en todos los sentidos: los animales casi nunca se equivocan,
salvo los más inteligentes de ellos.
SE dice que cada vez que escribe una de sus críticas tiene las más
fuertes erecciones.
EL pensamiento lo había penetrado y trabajaba sin cesar su conciencia como
un reloj letal: no se hacía notar de día, en medio de la agitación de los negocios
y de la vida cotidiana, pero en el silencio de la noche, toda su alma lo escuchaba.
AL honorable público: aunque fuéramos lo que imaginas, tu manera de
comportarte sería excesivamente ofensiva. Y aunque tú fueras lo que debieras
ser, nuestra estima por ti sería excesivamente grande. Qué desequilibrios.
EL sabio auténtico y sano es el hombre para quien el hábito de la
reflexión no se ha convertido en una enfermedad.
SE dice que los niños y los locos dicen la verdad. Es digno de destacar
el hecho de que todo hombre que posea cierta tendencia a la sátira tiene
siempre algo de los dos.
EL perro es el animal más vigilante, pero se pasa todo el día durmiendo.
viernes, 5 de octubre de 2012
El amor en occidente
Dicen los expertos
en historia literaria, que eso, a lo que ahora le llamamos “amor” en el mundo
occidental, esa forma de relacionarnos con la pareja y tratar de ser uno solo,
es solamente una invención cultural. No es algo inherente a lo humano, ni un
don, sino que es pura literatura.
Amar o mejor
dicho nuestra manera de amar “occidentalmente”, es un homenaje a las
vicisitudes infortunadas y que tienen su origen en el Medioevo. Y quizá, ese
homenaje sea en particular a la historia de Tristán e Isolda.
Según el
pensador francés Denis de Rougemont “El amor feliz no tiene historia” aludiendo
a la pareja mencionada arriba. La historia de esta pareja se dio en la sociedad
cortesana y caballeresca de los siglos XII y XIII. Pero ¿qué representan
Tristán e Isolda? El prototipo de que el deseo nunca llega a satisfacerse
completamente. Que el amor es pura pasión, que nunca habrá culminación plena y
que es en su mayoría sufrimiento. Que importa si la pasión nos conduce a la
desgracia, ante todo hay que sentir (dirán más adelante los románticos). El
amor es pasión.
Es curioso
como esta forma de vivir el “amor”, que empezó como un código aristocrático,
terminó siendo el común denominador para todas las clases en el mundo
occidental. El amor visto así, se reduce a pura y llanamente atracción sexual.
Será acaso este tipo de “amor” una ideología.
Establece
Gilles Lipovetsky (en su libro “La tercera mujer”): “Poco a poco, a medida que
retrocedía la costumbre de imponer un marido a las jóvenes, éstas soñaban con
integrar el amor en su vida conyugal, aspiraban a mayor intimidad en las
relaciones privadas, a oír hablar de amor, a expresar sus sentimientos”.
La desgracia de Tristán e Isolda, es
la de un hombre y una mujer que viven en adulterio. Tristán es huérfano y
caballero. Debe cumplir con la tarea de llevar a la princesa Isolda ante el rey
que ha de desposarla. Todo esto se suscita en medio de una tormenta donde los
dos protagonistas beben por error el vino de hierbas destinado a los esposos.
De tal modo que
después de beber se prometen amor y siguen con todas las instrucciones. Isolda
y el rey se casan pero el vino de hierbas continúa del lado del caballero
Tristán. El amor aviva el fuego a pesar de las prohibiciones religiosas y
sociales hasta que el rey los encuentra en flagrancia. Por supuesto hay un
castigo y luego también un perdón. Hay un arrepentimiento y luego otra vez la
pasión. Después Tristán e Isolda toman caminos diferentes. El encuentra consuelo
en otra mujer y ella obedece a su marido. Así pasa el tiempo hasta que Tristán
es herido en una batalla y no se cura bien, y que a su vez alcanza también a su
amada Isolda. Acaso no preferimos constantemente en materia de amor, aquello
que nos daña pero nos vigoriza.
De Tristán e Isolda les dejo este
bello fragmento:
“VIII, EL SALTO DE LA CAPILLA
Por la ciudad, en la noche oscura, la noticia corre: Tristán y la reina
han sido sorprendidos: el rey quiere matarlos. Ricos burgueses y gente humilde,
lloran todos.
—¡Ay! ¡Bien podemos llorar! Tristán, barón intrépido, ¿moriréis, pues,
por tan fea traición? Y vos, reina franca, reina querida, ¿en qué tierra nacerá
jamás hija de rey tan bella, tan amada? Aquí tienes, enano jorobado, la obra de
tus adivinanzas. ¡Que no vea jamás la faz de Dios quien habiéndote encontrado
no hunda su venablo en tu cuerpo! Tristán, buen, amigo, querido, cuando Morolt,
venido para arrebatar a nuestros hijos, tomó tierra en esta ribera, ninguno de
nuestros barones osó armarse contra él y todos callaban como si estuvieran
mudos. Pero vos, Tristán, vos habéis librado combate por todos nosotros,
hombres de Cornualles, habéis estado a punto de morir por nosotros. Hoy,
recordando estas cosas, ¿podemos consentir vuestra muerte?
Los lamentos, los gritos, suben por la ciudad, y corren todos al palacio.
Pero es tal la cólera del rey que no hay barón lo bastante fuerte y arrogante
que ose arriesgar una sola palabra para disuadirle.
El día se acerca, la noche se va. Antes de salir el sol, Marés cabalga
fuera de la villa, al lugar donde acostumbra a celebrar sus audiencias y sus
juicios. Manda abrir un foso en tierra y amontonar en él sarmientos nudosos y
cortantes y espinos blancos y negros arrancados hasta la raíz.
A la hora prima, hace proclamar un bando para convocar inmediatamente a
los barones de Cornualles. Se reúnen con gran tumulto; no hay nadie que no
llore, excepto el enano de Tintagel. Entonces el rey les habló así:
—Señores, he hecho levantar esta hoguera de espinos para Tristán y para
la reina, puesto que han delinquido.
Pero todos exclamaron:
—¡Juicio, rey! ¡El juicio primero, la acusación y la defensa! Matarles
sin juicio es vergüenza y crimen. Rey, tregua y merced para ellos.
Marés respondió en su cólera;
—¡No! ¡Ni merced, ni tregua, ni defensa, ni juicio! ¡Por Nuestro Señor,
que creó el mundo, si nadie osa aún requerirme tal cosa, arderá él primero en
esta hoguera!
Y ordena que enciendan, el fuego y que vayan al castillo en busca de
Tristán.
Los espinos llamean, todos callan, el rey espera…”
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