domingo, 22 de agosto de 2010

El oro ensortijado. Poesía viva de México


La ensayista Lizette Cortés (Tuxtla Gutiérrez, 1981) nos presenta una mirada crítica a “El oro ensortijado”, el más reciente ejercicio antológico de la poesía mexicana.


El oro ensortijado. Poesía viva de México



Desde el pasado mes de noviembre, cuando se presentó por vez primera El oro ensortijado, ésta ha sido objeto de la más nutrida crítica. ¿Por qué no habría de ser así?, poetas, pseudopoetas, críticos literarios, además de aquellos que creen serlo y “circo que los acompaña”, conocen el riguroso trabajo literario de Mario Bojórquez, Alí Calderón, Jorge Mendoza y Álvaro Solís, sus compiladores. Esta noche, Alí Calderón y Álvaro Solís darán muestra de ello.
El oro ensortijado. Poesía viva de México, nos regala desde el prólogo, una bella metáfora que devela el origen de la antología; cito: “reunir diversas composiciones de distintos autores o épocas con el objeto de mostrar o compartir el tesoro de nuestras preferencias en torno a un tema, un estilo o una lengua, se le ha llamado desde la antigüedad, recoger flores, lo que quiere decir la voz griega antología (…) Se entenderá por tanto, que cuanto más cultivado esté el jardín de donde provienen los elementos de la composición, mejores habrán de ser las muestras de su cosecha.” (11)
Mario Bojórquez nos ofrece en el prólogo a esta edición, un recorrido por las antologías poéticas en México, desde Antología del Centenario, que iniciara Justo Sierra en 1910 y que a causa de la lucha armada quedara inconclusa, hasta La luz que va dando nombre. Veinte años de la poesía última en México (1965-1985), publicada en 2007. Por su parte, Mendoza retoma el discurso enfatizando la imperiosa necesidad de que cualquier antologador aplique a todas luces la objetividad, a fin de que desempeñe su labor cabalmente, como auténtico crítico literario, esto es, evitando las reducciones anacrónicas, el amiguismo, el compadrazgo, los diezmos y la perversión de falsear el gusto, y por supuesto, de incluir a los cuates que escriben mal, que tienen poemas regulares o malos, pero que son cuates y a los cuates cualquier cosa se les perdona. Nuestro objetivo, asegura Mendoza Romero, es “reconstruir nuestra tradición, releer nuestro siglo XX a partir de un gusto honesto y una idea de poesía” (18), idea que por supuesto avala Alí Calderón quien dice de los compiladores: “creemos en la poesía de la pasión, en la que nace de la combustión de los huesos, como quería el Jerezano. Creemos en la poesía que hace sentir algo más allá del tedio, que emociona” (31).
Conforme uno lee y relee los poemas de los 46 poetas que integran la edición, el recorrido a través de El oro ensortijado se torna interesante y develador. Sucede algo sui géneris, se incluye además de una excelente muestra de poesía, un estudio insospechado que los compiladores retoman del Doctor Mario Calderón, esto es, el indicio de que cada nombre y apellido de los poetas tiene un significado particular y aliándolos se obtiene un posible significado, mismo que permanece programado en el inconsciente y puede darnos muestra de las aptitudes y actitudes del poeta, rasgos que por supuesto podrían evidenciarse en sus creaciones.

La antología que esta noche presentamos, ofrece una nueva óptica que evidencia no sólo el gusto sino el goce estético que sólo se adquiere al leer poesía pura, la poesía auténtica, aquella que impacta al lector, que lo estremece, que es capaz de provocarle risa, llanto o hacerlo pensar largas horas en la belleza de un solo verso.
El oro ensortijado. Poesía viva de México, nos da la esperanza de promover una crítica cimentada en la teoría literaria y en la honestidad poética. Celebro la aparición de esta antología y me sumo a la espera del catálogo crítico de la poesía en México, que Alí Calderón promete en el estudio introductorio. Enhorabuena, Alí y Álvaro; muchos lectores agradecemos esta edición.

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