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miércoles, 22 de junio de 2011

El poemario "El concierto Reconciliatorio" de Marco Ornelas, ahora en todas las librerias El Sotano del país






Por información de la editorial San Roque y Los otros libros."El concierto reconciliatorio" se puede adquirir ya en lo que concierne a la ciudad de León en: Librería Papiros y El Sótano. Por lo que respecta a toda la república mexicana en cualquier librería de El Sótano.

jueves, 16 de junio de 2011

La música de las palabras (Reseña del libro de poesía "El concierto reconciliatorio de Marco Ornelas por Víctor Sosa) En la revista REPLICANTE






El concierto reconciliatorio




de Marco Ornelas



Por Víctor Sosa





La poesía es el arte de hacer cantar a las palabras. Íntimamente ligada en sus orígenes a la música, a la danza, al ritual, la poesía —aunque hoy desligada del rito— sigue manteniendo el vínculo con lo musical, lo rítmico y la homofonía de las formas verbales que el lenguaje construye a manera de partitura. Cantar y contar, ha dicho Machado, son las dos funciones de la poesía y el poeta es aquel que sabe, ante todo, escuchar la música de las palabras.

El poeta Marco Ornelas, en El concierto reconciliatorio [Guanajuato: San Roque, 2011], nos propone unas partituras de paisajes que son, también, pasajes y puentes, vínculos de reconciliación con el objeto amado.

Estamos ante un poeta que tiene muy presente la relación entre palabra y música, entre sonido y sentido, entre tiempo musical y espacio escritural.

Su libro se divide en partes que remiten a los tiempos o movimientos de un concierto: Preludio, Clásico, Jazz y blues, Pop, Epílogo, pero también a géneros, preferencias, nostalgias y referentes subjetivos que vinculan la música con el concilio del amor. Leemos en una de sus partituras-poema:

Reducir-la-sinfonía-del-amor
a sonata
implica
mutilación.

Para el poeta el amor es una sinfonía, es decir, una multiplicidad de instrumentos, combinaciones sonoras, timbres, voces, en suma: un universo, un cosmos. Imposible reducir esa complejidad a otra forma que no sea ella misma.

Pero además del tema amoroso como hilo conductor de este poemario Marco Ornelas toma muy en cuenta los elementos visuales del lenguaje, y entonces juega con la tipografía, diseña sobre el blanco de la página, enfatiza los caracteres con las cursivas, el doble espacio o los versos que se precipitan en vertical cascada. En ese sentido, es coherente con la idea del lenguaje como objeto poético, no sólo sonoro, musical, rítmico, también visual: un cuerpo que toma forma en ese vacío espaciotemporal de la creación.

Por último: la brevedad, la limpieza en la escritura que avanza con fluidez, son algunos de los atributos de esta concisa muestra tan concertante como reconciliatoria. ®

sábado, 4 de junio de 2011

Defensa de la poesía

El momento de la Historia que nos ha tocado vivir está marcado por la incertidumbre en todos los sentidos. Cuando pensábamos que el siglo XX agonizaba y con él los grandes temores y catástrofes capaces de minar la fe en la humanidad, no han surgido los puentes que destruyan nuestros precipicios. Al contrario, resulta más difícil intuirlos, imaginarlos. La incertidumbre parece abarcarlo todo: la política, la moral, la economía, las nuevas formas de comunicación que paradójicamente han provocado una mayor incomunicación... También las viejas utopías que parecieron realizables y llenaron de ilusión a millones de ciudadanos se han desmoronado mostrando sus miserias cuando han sido suplantadas por los hombres, añadiendo aún más incertidumbre a todo lo que nos rodea.

Nuestra generación está marcada por esta incertidumbre y creemos que es necesario hacer un alto en el camino, reflexionar, mirarnos a los ojos, establecer una cercanía menos artificial, más humana. La poesía puede arrojar algo de luz para alcanzar algunas certidumbres necesarias. Los buenos poemas son un modo de ajustar cuentas con la realidad porque son capaces de provocar emoción, de conmover, de hacer pensar, de llenar un vacío que nos acompaña.

La emoción no puede estar de moda. La emoción es universal e intemporal. Y la poesía tiene que emocionar. Ante tanta incertidumbre, para nuestra sorpresa, una gran parte de los nuevos poetas en español se han adscrito a una tendencia tan experimental como oscura. Si en la segunda mitad del siglo XX los mejores poetas de nuestra lengua abandonaron las liras y las torres de marfil; la poesía última, en busca de un nuevo camino, de una nueva actualidad literaria, se ha subido a un pedestal. En esta tarea se han visto legitimados por algunos poetas cuyos proyectos literarios fracasaron de manera estrepitosa precisamente por abrazar el barroquismo gratuito y la frivolidad de la moda literaria. Ahora buscan una segunda oportunidad elogiando lo que precisamente les condujo al callejón sin salida de las palabras huecas.

Queremos mostrar nuestra desolación ante esta dinámica que nos parece destructiva para la poesía porque conduce, de manera inevitable, a su deshumanización. Los discursos fragmentarios, el irracionalismo como dogma y el abuso del artificio han supuesto la ruina de la poesía en muy diferentes etapas de la historia de la literatura. Han hecho tanto daño, que hoy la poesía está considerada como un género difícil que sólo leen los poetas, porque sólo parecen entenderse entre ellos como los habitantes de unas ínsulas extrañas. Prueba de ello es la marginación que sufren los libros de poesía en cualquier espacio, ya sea una librería, un suplemento cultural, un periódico, una biblioteca...

Cuando un poema no se entiende, el lector suele culparse a sí mismo, inducido por la idea generalizada de que el poeta es un ser con una sensibilidad diferente, superior. Una idea tan falsa como interesada. Si un poema no se entiende el único responsable es quien ha tratado de establecer la comunicación. O bien no ha sido capaz por sus limitaciones, o bien no lo ha conseguido porque no era su propósito, porque sólo buscaba la erudición y el artificio, algo que está bien visto, que tiene buena prensa y que provoca una palmadita en la espalda de la crítica, sumida en gran parte en la misma torpeza.

Seguimos creyendo que una de las misiones de la poesía es enfrentarse al poder. Y el poder de hoy no hace más que invitarnos al silencio, al fragmento, a las subjetividades ensimismadas y a la pérdida de diálogo entre las conciencias. Queremos decirle adiós a todo eso.







Jorge Galán (El Salvador), Fernando Valverde (España), Daniel Rodríguez Moya (España),
Andrea Cote (Colombia), Alí Calderón (México), Raquel Lanseros (España),
Francisco Ruiz Udiel (Nicaragua) y Ana Wajszczuk (Argentina),
autores del libro Poesía ante la incertidumbre (Visor, 2011).