domingo, 24 de mayo de 2009

Ateos. La sospecha atea.

Los ateos han acendrado el ámbito religioso. Antes de ser perniciosos, lo único que encuentro en sus textos es depuración y limpieza de las arbitrariedades de la religión. La sospecha atea de una anomalía religiosa, demuestra que allí no puede estar Dios. Que tras esa careta no puede ocultarse el rostro divino. El arma de los ateos es la sospecha. “Si Dios no es amor, no vale la pena que exista” escribió Henry Miller, para sentenciar, que cualquier otra forma diferente a esta, en que se presentará a la divinidad debería de rechazarse.
La gran mayoría de los ateos teóricos, derivan su negación de una careta falsa en que se presenta a Dios. El término ateo, proviene del adjetivo griego αθεος (atheos), que significaba ‘sin Dios’, siendo la partícula negativa ‘no’ o ‘sin’ y (theós): ‘Dios’ ¿Por qué deberíamos de amar a un dictador, a un déspota, a un malvado, o bien, a un sanguinario al cual le pertenece nuestra vida y dispone de ella a su discreción?. El miedo y el amor no son sinónimos, es imposible amar a alguien que nos hace daño; el amedrentamiento tarde o temprano origina insurrecciones. Hasta el siglo XVIII, el ateismo se redujo a singularidades específicas, Epicuro y Lucrecio, dan referencia de esto; en el siglo XIX, pasó a formar colectividades pero también reducidas, los librepensadores y los racionalistas son algunos de estos grupos selectos; pero en el siglo XX, paso de los grupos elites, a las masas, gracias a los movimientos políticos revolucionarios, un ejemplo de esto, es el caso del Socialismo.

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El ateo dentro de la sociedades creyentes, la mayoría de la veces siempre es visto como apestado, esta visión, más que ser razonada, parte de una tradición en la que hemos sido educados. Nuestra fe religiosa, más que ser una convicción profunda y meditada, es parte de nuestra herencia educacional que nos dan nuestros padres y mentores. Los grandes ateos de la humanidad más que ser personas ingenuas o retrasadas, han sido hombres brillantes, verbigracia: Demócrito, Marx y Freud, estos hombres más que ser ignorantes o interdictos, han sido personas que han hecho aportaciones a la humanidad. Demócrito y el atomismo, Marx y el socialismo científico, Freud y el sicoanálisis. Esta clase de ateo, llamado teórico, más que preparar sus mísiles contra Dios, apuntan su disparo contra las caretas falsas de la divinidad. Su mira no es Dios mismo, sino los mitos de que se elaboran sobre él.
La sospecha atea presiente, y al presentir crítica, la mirada crítica termina derrumbando aquello que no es sostenible. Zeus y Poseidón eran mitos, La Santa Inquisición no era Dios, La “guerra santa” no es Dios, el legalismo de las iglesias no revelan a la divinidad, el poder económico y político del Vaticano tampoco es Jesucristo, la moral no es Dios, la panacea contra la muerte de la iglesias no demuestra la existencia de Dios. El origen y el principio de todo no confirma tampoco la existencia del mismo. “La religión es el opio del pueblo” criticó Karl Marx tras ver la explotación proletaria de la iglesia y la burguesía. Marx, descubrió que debajo de aquella careta no se encontraba Dios. El ateo más que ser un indeseable, es un espíritu agudo que se percata de las caretas falsas con que se pretende mostrar a Dios.
La lectura de los textos ateos, antes de hacernos perder la fe religiosa, nos ayuda a desengañarnos de aquellos errores que nos han infundido como Dios. A Dios no se le encuentra por la herencia que nos dejaron nuestros ascendientes, a él, no se le llega por medio de la tradición, el camino hacia él no es el del miedo, no es el de la moralina, no es el del las instituciones de poder “espiritual”. La sospecha atea, es una mirada crítica sobre lo que se presenta como divinidad.

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