lunes, 27 de julio de 2009

Por si nunca han leído a Juan Rulfo, aquí un breve comentario del Llano en llamas.


El arte también es denuncia. En algunas de las muchas etapas de la historia de arte, podemos encontrarnos con el rostro enérgico del denunciante. Rulfo, en El Llano en Llamas, expone en una vitrina todas las miserias del mundo rural mexicano posrevolucionario. En ese extraordinario libro de dieciséis cuentos, Juan Rulfo, nos hace vislumbrar el mundo campesino lleno de supersticiones, mitos, costumbres degradantes, acciones y creencias que se siguen por inercia, o bien, porque de manera categórica no existe otra salida. “Vivir despierto es liberarse de las pesadillas que se realizan por herencia o tradición”, “El ojo penetrante desenmascara al vicio disfrazado de virtud”; alguna vez escribí esto, y ahora leyendo el libro de cuentos de Rulfo, lo vuelvo a ratificar. En la narrativa rulfiana de El Llano en Llamas, encontramos cristeros (antinomia fatal: cristo y muerte al prójimo), descubrimos a retrasados como Macario, que el pueblo y la familia lo exilian por considerar que es un pecado su nacimiento, y por tal motivo, le hacen creer que debe vivir solamente esperando su condenación. Nos topamos también en el relato: Es que somos muy pobres, con la experiencia de dos adolescentes que terminan de prostitutas por su vida paupérrima. O que decir del cueto: La noche en que lo dejaron solo, que narra la anécdota de un cristero que es salvado de ser colgado por su cansancio. Locos, ejidatarios de páramos, homicidas sin motivos, huérfanos buscando venganza, cristeros cobardes, fiestas que terminan en misas negras y policías rurales llenos de odio; es lo que podemos encontrar y mucho más en esta joya literaria. Convergiendo con la crítica general, podemos aseverar que las creaciones excelsas de Rulfo tienen diferentes niveles de lectura. Ejemplo de esto, es que en esta lectura salta a nuestra vista la denuncia. Juan Rulfo, supo mostrarnos de manera tan bien tratada, e interesante, el lado oscuro y degradante del ruralismo mexicano. El ojo rulfiano es el ojo del desencanto, de la crítica mordaz, en una palabra: es el ojo que desenmascara al vicio disfrazado de virtud. El Universo de El Llano en Llamas, es el universo desolado. La técnica narrativa se desarrolla por frases cortas y precisas. El tratamiento de la prosa rulfiana se desenvuelve como pedazos de rompecabezas, todo tiene un justo lugar. Las imágenes las podemos comparar como un paisaje lunar, bello, pero lejos de la luz solar. El clímax de cada cuento siempre desemboca en un suceso desgarrador: muertes, venganzas, prostitución, asesinatos y llanos interminables. Al leer El Llano en Llamas, encontramos el retrato de la vida campesina mexicana posrevolucionaria. Juan Rulfo, dispara fuertemente con su pluma y recrea el ambiente espantoso lleno de supersticiones, cerrazón, vicios y vivencias del ruralismo mexicano. Juan, denuncia, y su denuncia es tan rítmica, precisa y melodiosa que su literatura se transforma en una diamante literario. La denuncia mutada en arte es una de las múltiples lecturas que podemos exprimirle a ese librito extraordinario. “Todo escritor que crea es un mentiroso; la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación”

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