miércoles, 9 de junio de 2010

Un cuento en cadena...

Un cuento en cadena firmado por ti y por Andrés Neuman
Participa en la redacción de 'Silla para alguien'.- El primer párrafo es obra del último premio Nacional de la Crítica

Con motivo de la Feria del Libro de Madrid, 'Babelia' y ELPAÍS.com proponen a los lectores la redacción de un cuento en cadena. Para continuar el relato iniciado por Andrés Neuman , puedes enviar un máximo de cien palabras. Debes indicar si es punto seguido o aparte. Un asterisco marca cada nuevo párrafo. Sólo se preseleccionarán los textos recibidos en la dirección babelia.elpais@gmail.com, entre las 12.00 hora peninsular española (10.00 GMT) hasta las 9.00 (7.00 GMT) del siguiente día laborable. A las 12.00 de cada día laborable se publicará el nuevo párrafo seleccionado. El cuento en cadena que se cerrará el viernes 11 de junio a las 9.00. El último párrafo será escrito por un autor por definir. 'Babelia' publicará en las próximas semanas en su edición impresa el relato completo.
CUENTO:

Esta es tu silla, ¿ves? Por favor, ven, siéntate. Ahora despliego el respaldo, reviso las ruedas, les paso un trapo húmedo para que tus manos sigan tan blancas como siempre. Blancas, no inocentes: a ti y a mí la inocencia no nos interesa demasiado. El color blanco sí, porque es fruto del esfuerzo. Hay que cuidarlo, mantenerlo limpio. Así que la preparo, como te prometí. La he preparado, ¿sabes?, durante meses, años, no me acuerdo bien. Eso me pasa con esta silla: me concentro tanto en ella que el calendario se pone a rodar y ya no sé qué fecha es, ni hace cuánto te espero.
El joven Hobermann toma asiento. Un mando a distancia sobre la mesa parece decirle "pulsa mi tecla de ON y disfruta; no preocupaciones, no estrés, no más allá de ese Take Five, Dave Brubeck Quartet". Hobermann y un mando a distancia sobre una gran mesa vacía, sin curvas, sin molduras torneadas; esto es puro racionalismo, esto es simple y llana sincronía con una Bauhaus que dejó seca a media Europa.
- ¿Qué me dice de ese mando a distancia? - pregunta Hobermann.
- ¿Debo decirle algo?
- ¿Qué sucederá después?
- ¿Dave Brubeck, Take Five? -responde el hombre de la kipá blanca.
*
- Ya. Entiendo ¿Pero puedo hacerle una última pregunta?
- Dos.
- ¿Dónde estoy?
- Querrá decir, ¿dónde estamos?
- Sí, eso.
- ¿En el avión no le dijeron nada?
- Nada.
- Mucho mejor. Ya que lo he esperado tanto tiempo...
Se quedan en silencio, tratando de no mirarse.
-Voy a hacer una excepción -dice de repente el hombre de la kipá blanca. Empuja la silla de Hobermann hasta dejarla al lado de una diminuta rendija, único punto por donde entra luz natural al recinto. Le entrega unos binoculares; casi enseguida se los retira. Camina hasta el armario y regresa con un telescopio pequeño.
-Mejor esto -le dice.
*
Mira a lo lejos, Hobermann, vislumbra. ¿Por qué te he esperado tanto tiempo? ¿Por qué las únicas referencias son tus manos blancas, tu silla y lo que veas por la rendija? Mira a lo lejos y comprende. Ayúdame a comprender... por ejemplo: ¿Por qué te hablo de usted?
-¿Qué ve? -pregunta el hombre de la kipá.
-No mucho. ¿Qué se supone que debo ver?
-Usted preguntó dónde estamos.
-Sí, pero sólo veo un campo vacío, un árbol y un muro con un portón a lo lejos.
-Ve el Sol, es de día, ahora vea su reloj -añade el hombre de la kipá.
*
Hobermann se desmoraliza. En su muñeca sólo queda una marca blanquecina.
- Lo siento. A veces olvido que no están permitidos los objetos personales.
El hombre de la kipá empuja de nuevo la silla, no puede evitar bufar al comprobar que una de las ruedas chirría. Le incomoda haber dejado pasar por alto esa clase de detalles, y también haber parecido torpe al invitar a Hobermann a comprobar su reloj.
- Sólo le diré que es un poco más tarde del mediodía.
Deja a Hobermann frente a la mesa, extiende la mano y señala el mando a distancia.
- Le toca.
*
David Hobermann coge el mando a distancia y pulsa ON. La pantalla de televisión en blanco y negro relata una escena extraña: Un hombre joven con una kipá blanca ayuda a un niño a montar una construcción. Lleva una bata blanca. El fondo sonoro es Take five. En la sala, por todos lados, otros niños se mueven inquietos, todos llevan puesto una kipá blanca y parecen solos.
- No quiero ver más, sé qué es lo que pretende. No quiero volver.
*
- Veo que ya no le importa el pasado. Olvidar no es la mejor solución, piense en lo que les sucedió a los otros.
Hobermann permanece en silencio. No pensaba que caerían tan bajo. Aprieta sus manos con rabia hasta volver blancos sus nudillos. De repente, en la televisión uno de los niños se acerca a la pantalla y susurra una palabra indescifrable, parece triste, pero sus ojos reflejan unos rasgos humanos, una cara se ve con nitidez en su pupila negra.
- Antes dijo que podía realizar dos preguntas - dice Hobermann.
- Creo que es justo. Adelante, pregunte.
*
Hobermann pulsa el botón de pause en el mando y el niño de la imagen se detiene.
- Necesito saber qué pasó. Aquel experimento era perfecto, no había fisuras, ¿por qué salió mal?
- Eso no es una pregunta, son varias.
- Lo sé, pero antes de terminar con todo necesito esas respuestas.
El hombre de la kipá blanca se sienta en el borde de la mesa y mira a Hobermann.
- Yo soy uno de esos niños. Como ve, el experimento no salió tan mal como quisieron hacerle creer.
- ¡Malditos seáis! grita Hobermann estrellando el mando a distancia contra el suelo...
*
Hobermann se sienta en la silla. Se tapa la cara con las manos. Guarda silencio.
El hombre de la kipá prácticamente ni se inmuta. Se agacha despacio para recoger los fragmentos del mando a distancia. Lo hace con método, tomándose su tiempo.
- Mi paciencia no es infinita, como no lo es el tiempo del que disponemos. Hay ciertas premuras. Urgentes. Y se hará, por encima de usted si es preciso. Su ayuda para el experimento le cualifica, pero hay otras vías. Lo sabe ¿verdad?
Deposita los trozos del mando en la mesa y se levanta.
- ¿Quiere respuestas? Venga conmigo.
*
Bajo la fuerte luz el campo parece desgastado, blanquecino, el hombre de la kipá brilla mientras camina levantando con cada pisada una bocanada de humo, Hobberman le sigue dócilmente, se dirigen hacia el portón que descubrió antes con el telescopio. De pronto del árbol se elevan dos cuervos gritando y el portón comienza a abrirse lento y quejoso.

El primer párrafo ha sido escrito por Andrés Neuman; el segundo, por Álvaro Valiente; el tercero, por Juan Merino; el cuarto, por Edgar Pavia; el quinto, por Ángela Medina; el sexto, por Charo Begué; el séptimo, por Alejandro Martínez; el octavo, por Mª del Pilar Polo; el noveno, por Víctor Briones; el décimo, por Fernando López del Hierro. Envía el undécimo párrafo de este relato mandando un máximo de cien palabras a babelia.elpais@gmail.com, sólo entre las 12.00 de hoy y las 9.00 del jueves, hora peninsular española (de 10.00 GMT de hoy a 7.00 GMT del jueves). Visita el blog de 'Babelia', Papeles perdidos, para disfrutar de la Feria del Libro de Madrid

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