lunes, 31 de mayo de 2010

El Malentendido, teatro.

Texto críptico en sus implicaciones éticas y psicológicas en torno de la conducta humana, El malentendido, obra de Albert Camus (Argelia 1913-1960), escrita 13 años antes de que su autor recibiera el Premio Nobel de Literatura, llega ahora a México en una producción de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), que nuevamente nos muestra la faceta de directora de la también actriz Marta Verduzco.
El origen de El malentendido data de 1935, cuando Camus leyó en el diario La Dépêche Algérienne la noticia trágica generada por un malentendido entre una madre y su hijo, que tras una ausencia de 20 años volvía de Yugoslavia.
A partir de este hecho, el dramaturgo desarrolla una historia en la que el uso del lenguaje juega un papel fundamental para hablar de cómo la ignorancia nos puede llevar a cometer las peores atrocidades, en este caso el asesinato de un hombre por parte de su propia madre y su hermana.
Como lo expresa el personaje de la madre, interpretado magistralmente por Ana Ofelia Murguía (actriz de número de la CNT), “es más fácil matar lo que no se conoce”. De esta forma Camus nos plantea nuestro profundo desconocimiento de quiénes somos y del papel que jugamos en una existencia que parece no tener sentido.
La maestra Ana Ofelia Murguía caracteriza a una madre que ha perdido todo interés por la vida y que se deja llevar por los deseos mezquinos de una hija (interpretada por Emma Dib) que trata de encontrar en el exterior (sea el de su país o el de su persona) lo que no tiene dentro de sí: la paz interior y el respeto por la dignidad humana.
Después del estreno de El malentendido en 1944, en el teatro Les Mathurins de París (en plena Segunda Guerra Mundial), la prensa se refirió a esta obra de Camus como un texto anticipador. Y aún ahora sigue siendo un trabajo visionario que trasciende el tiempo y el espacio, que habla de la pertinencia de revisar continuamente nuestras concepciones éticas.
Se trata de una obra de carácter existencialista que pareciera mostrar una sociedad sin remedio ni esperanza. Sin embargo, el personaje interpretado por Erika de la Llave (María, esposa del hijo pródigo) viene a ser un catalizador dentro de todo el sinsentido de la obra, una mujer que cree en el amor y suele hacer caso a sus intuiciones.
Sin ser un personaje protagonista, Erika de la Llave ofrece una María de gran intensidad, la mujer capaz de mantener la sensibilidad del dolor en medio de un ambiente que pareciera adormecer cualquier sentimiento de nobleza. De la Llave muestra con este trabajo su continuo crecimiento histriónico que la ha posicionado como una de las grandes actrices jóvenes de la CNT, poseedora de un amplio rango de posibilidades interpretativas.

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