miércoles, 29 de abril de 2009

La locura en los hombres de razón

Cuando pienso, mi pensamiento se eleva con alas hasta el rascacielos;
cuando actuó, mi acción se arrastra en el suelo con la serpiente.
¿Acaso tenía razón el filósofo fundador de la
«Duda metódica» al declarar: el cuerpo es la prisión del alma?
No lo sé de cierto.
Lo que si puedo comprobar: es que una vida gobernada por la razón
no garantiza una vida razonable.

Sartre (1905-1980)

En el libro La ceremonia del adios: conversaciones con Sartre publicado en 1981,
Simone de Beauvoir narra las neurosis de Sartre y el miedo a las mujeres que
lo abrumaban, así mismo nos cuenta de los sentimiento incestuosos que tenía hacia su madre el filósofo del absurdo.



Foucault (1926-1984)

Su ataque de locura más célebre fue quizá cuando en 1970 encontrándose en San Francisco
visitó los saunas donde se practicaban orgias descomunales, conbinando dolor intenso y promiscuidad (se dice que ahi posiblemente contrajo el SIDA).


Wittgenstein (1889-1951)

Su estallido de locura más célebre fue el que se produjo durante un encuentro del MSC
el 25 de octubre de 1946. Aquel día chocó con Karl Popper, otro brillante filósofo
judío de Viena, quien recientemente había terminado
su obra: La sociedad abierta y sus enemigos.
Alrededor de treinta personas abarrotaban la habitación H3, donde el fuego ardía
en la chimenea, y Popper empezó a criticar unas ideas del Tractus y Wittgenstein
cogío el atizador de la chimenea y, nervioso, empezo a jugar con él y amenazo al filósofo de Viena.

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